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Agricultura
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AGRICULTURA
Tal como se afirmó en la Conferencia de las Naciones Unidas de 1972 sobre el Medio Humano y en la Cumbre para la Tierra de 1992, los seres humanos son el centro del desarrollo sostenible. Sin embargo, aún hoy, más de 900 millones de personas siguen padeciendo hambre. Las poblaciones pobres del mundo, especialmente en las zonas rurales, están entre los más vulnerables ante las situaciones de crisis alimentaria, climática, financiera, económica, social y energética, y ante las amenazas a las que el mundo hoy se enfrenta.
No podemos llamar sostenible al desarrollo mientras persista esta situación, mientras que casi uno de cada siete hombres, mujeres y niños se queda atrás, víctima de la subnutrición.
La búsqueda de la seguridad alimentaria puede ser el hilo común que una los distintos desafíos que enfrentamos y contribuye a construir un futuro sostenible. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río + 20) tenemos la oportunidad de oro para explorar la convergencia entre los programas de la seguridad alimentaria y la sostenibilidad a fin de hacer realidad ese futuro sostenible.
Ambos requieren cambios en busca de modelos más sostenibles de producción y consumo. Para alimentar a una población en crecimiento que se espera supere la cifra de 9 000 millones en 2050, la FAO prevé la necesidad de aumentar la producción agrícola en un 60% como mínimo en los próximos decenios. A tal fin, debemos conservar y crecer: aumentar la producción agrícola al mismo tiempo que preservamos el medio ambiente.
Pero incluso en ese caso, la presión sobre nuestros recursos naturales será extrema. Por tanto, debemos también cambiar la manera en que comemos y hallar la forma de alimentar al mundo sin necesidad de producir tanto. Esto puede hacerse pasando a dietas más saludables en los sectores más ricos de la población y reduciendo la pérdida y el derroche de alimentos que existen en los países industrializados y en los países en desarrollo, que nos hacen desechar 1 300 millones de toneladas de alimentos cada año, entre la producción y el consumo.
Sin embargo, incluso si realmente incrementamos la producción agrícola en un 60%, el mundo todavía tendrá 300 millones de hambrientos en 2050 porque, al igual que los cientos de millones de hoy en día, seguirían careciendo de los medios para acceder a los alimentos que necesitan. Para ellos, la seguridad alimentaria no es un problema de insuficiencia de la producción; se trata de un problema de acceso inadecuado. La única forma de garantizar su seguridad alimentaria es creando empleos dignos, pagando mejores salarios, dando acceso a activos productivos y distribuyendo los ingresos de una manera más equitativa.
Tenemos que traer a estas personas a la sociedad, complementando el apoyo a los pequeños agricultores y oportunidades de generación de ingresos con el refuerzo de las redes de protección, programas de dinero por trabajo y de transferencias de dinero que contribuyen al fortalecimiento de los circuitos de producción local y consumo, en un esfuerzo que debe contribuir a nuestros objetivos de desarrollo sostenible.
La transición hacia un futuro sostenible también exige cambios fundamentales en la gobernanza de la alimentación y la agricultura y un reparto equitativo de los costos y los beneficios de la transición. En el pasado, los más pobres han pagado una parte mayor de los costos de transición y han recibido una menor proporción de los beneficios. Este es un desequilibrio inaceptable y que debe cambiar. La velocidad del cambio también debería preocuparnos, de tal manera que la población vulnerable pueda adaptarse y ser parte de los cambios, en lugar de ampliar las diferencias que existen en la actualidad.

La mejora de los sistemas agrícolas y alimentarios es fundamental para que aumente en todo el mundo la salud de la población y los ecosistemas. No se puede llevar una vida sana y productiva a no ser que “todas las personas tengan en todo momento acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 1996).
Los ecosistemas sanos deben ser resistentes y productivos y facilitar los bienes y servicios necesarios para atender las necesidades y deseos actuales de la sociedad sin poner en peligro las posibilidades de las generaciones futuras de beneficiarse del abanico completo de bienes y servicios derivados de los ecosistemas terrestres, acuáticos y marinos.
Existen vínculos muy estrechos entre las condiciones para alcanzar a escala universal la seguridad alimentaria y nutricional, la administración responsable de los recursos medioambientales y una gestión alimentaria más justa.
Todos ello converge en los sistemas agrícolas y alimentarios a nivel mundial, nacional y local. Para poner de relieve estos vínculos, la FAO desea transmitir a la Cumbre Río+20 tres mensajes principales:
• La visión de Río de un desarrollo sostenible no podrá hacerse realidad a menos que se erradiquen el hambre y la malnutrición.
• La visión de Río exige que tanto el consumo de alimentos como los sistemas de producción consigan más con menos.
• La transición a un futuro sostenible exige cambios fundamentales en la gobernanza de la alimentación y la agricultura, así como una distribución equitativa de los costos de la transición y sus beneficios.

La FAO está convencida de que la visión de Río seguirá sin cumplirse mientras perduren el hambre y la malnutrición.
La gestión sostenible de los sistemas agrícolas y alimentarios es clave para un futuro sostenible. Se necesitan políticas acertadas con el objeto de crear los incentivos y capacidades necesarios para un consumo y una producción sostenibles y ofrecer a los consumidores y los productores opciones sostenibles.
Los gobiernos nacionales y otras partes interesadas tienen que:
1. Establecer y proteger los derechos sobre los recursos, especialmente para los más vulnerables;
2. Incorporar en los sistemas alimentarios incentivos al consumo y producción sostenibles;
3. Promover mercados agrícolas y alimentarios justos que funcionen adecuadamente;
4. Reducir el riesgo y aumentar la capacidad de resistencia de los más vulnerables; e
5. Invertir recursos públicos en bienes públicos esenciales, incluidas la innovación y la infraestructura.

Utilizar las Directrices Voluntarias en apoyo de la Realización Progresiva del Derecho a una Alimentación Adecuada en el Contexto de la Seguridad Alimentaria Nacional y las Directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria nacional como marcos generales para el logro de la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible equitativo.
Apoyar los esfuerzos de todas las partes interesadas que se ocupan de la alimentación y la agricultura, especialmente en los países en desarrollo y menos adelantados, para aplicar enfoques técnicos y normativos de desarrollo agrícola que incorporen objetivos ambientales y de seguridad alimentaria.
Garantizar una distribución equitativa de los costos y beneficios derivados de la transición al consumo y la producción agrícolas sostenibles, así como la protección de los medios de vida de las personas y su acceso a los recursos.
Adoptar enfoques integrados para gestionar múltiples objetivos y vincular las fuentes de financiación para lograr una agricultura y sistemas alimentarios sostenibles.
Emprender reformas de la gobernanza basadas en los principios de transparencia, participación y rendición de cuentas para garantizar la aplicación de las políticas y el cumplimiento de los compromisos. El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial puede servir de modelo para estas reformas.

En el primer principio de la Declaración de Río de 1992 (Naciones Unidas, 1992) se afirma lo siguiente:
Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible.
Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.
Desde entonces se ha hecho mucho por acercar al mundo a un futuro común y sostenible, pero, 20 años después, aún tenemos que hacer valer este principio fundamental; demasiadas personas del planeta aún no llevan una vida saludable y productiva, mientras que el mundo crece de formas que no siempre están en armonía con la naturaleza. ¿En qué no hemos estado a la altura de las circunstancias?
La vida saludable y productiva depende de la seguridad alimentaria, que se logra cuando “todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 1996). Son muy estrechos los vínculos entre las condiciones necesarias para alcanzar la seguridad alimentaria y la nutrición universales, la administración responsable del medio ambiente y una gestión alimentaria más justa.
Todo ello converge en los sistemas agrícolas y alimentarios a nivel mundial, nacional y local. Uno de los mayores defectos de los actuales sistemas alimentarios es que, pese a los progresos significativos en el desarrollo y la producción de alimentos, cientos de millones de personas pasan hambre al carecer de medios para producir o comprar los alimentos que necesitan para llevar una vida saludable y productiva. Los sistemas alimentarios deben gestionarse con el fin de alcanzar la seguridad alimentaria universal.
Un segundo defecto de los actuales sistemas alimentarios es que su impacto ambiental es alto. Los costos y beneficios de un sistema sostenible no se reflejan adecuadamente en las decisiones adoptadas por todos los participantes en estos sistemas: los millones de personas que gestionan ecosistemas para producir alimentos y otros bienes y servicios agrícolas, los 7 000 millones de consumidores de todo el mundo y las instituciones públicas y privadas que influyen en estas decisiones. Los sistemas alimentarios deben gestionarse de forma sostenible.

Los sistemas agrícolas incluyen los procesos naturales o gestionados de obtención de productos alimentarios y no alimentarios (como combustible o fibra) a partir de la agricultura, la ganadería, la pesca y la silvicultura.
Los sistemas agrícolas constituyen la fuente de todos los alimentos del mundo y la principal fuente de ingresos de la mayor parte de la población pobre que padece inseguridad alimentaria.
Los sistemas alimentarios coinciden con los sistemas agrícolas en la esfera de la producción alimentaria, pero también comprenden las distintas combinaciones de instituciones, tecnologías y prácticas que determinan la comercialización, la elaboración, el transporte, el acceso y el consumo en relación con los alimentos. Los sistemas alimentarios influyen no solo en qué se consume y cómo se produce y se compra, sino también en quién puede comer y la medida en que sus alimentos son nutritivos.

La mejora de los sistemas agrícolas y alimentarios es esencial para que aumente en todo el mundo la salud de la población y los ecosistemas. Dos de los principales elementos de la respuesta necesaria no son nuevos, si bien seguimos avanzando cada vez más en su comprensión: que la erradicación del hambre es esencial para el desarrollo sostenible y que para eliminar el hambre y proteger los ecosistemas son fundamentales sistemas de consumo y producción sostenibles. No hemos estado a la altura en relación con un tercer elemento: las dificultades relativas a la gobernanza que deben abordarse para alcanzar estas metas. Sabemos claramente lo que hay que hacer, pero todavía carecemos de un sistema de gobernanza que garantice la aplicación, el seguimiento y la evaluación de lo sabido y acordado.

Para conseguir el futuro que queremos (un mundo sin hambre y con desarrollo sostenible), la FAO trata de fomentar el consenso en torno a los cambios necesarios a nivel mundial, regional y nacional para erradicar el hambre, apoyar la transición a sistemas sostenibles de consumo y producción de alimentos y garantizar una gestión alimentaria más justa. Pide que este consenso se traduzca en un compromiso de acción profundo y sostenible y exhorta a todas las partes interesadas representadas en Río a que adopten con urgencia la nueva determinación necesaria para actuar juntos en un espíritu genuino de cooperación y alianza con el fin de aplicar las medidas necesarias y asumir la responsabilidad a efectos de la consecución del primer principio de Río de 1992.


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AGUA Y RECURSOS HÍDRICOS
En pocas palabras, la escasez de agua tiene lugar cuando la demanda supera el suministro de agua dulce en un área determinada.

Escasez de agua = un exceso de demanda de agua para el suministro disponible

Esta situación aparece como consecuencia de una elevada demanda agregada por parte de todos los sectores que consumen agua respecto al suministro disponible, bajo las condiciones de infraestructuras y las disposiciones institucionales existentes. La escasez de agua se pone de manifiesto por la insatisfacción total o parcial de la demanda expresada, la competición económica por la calidad y la cantidad del agua, los conflictos entre usuarios, el agotamiento irreversible de las aguas subterráneas, y las consecuencias negativas para el medio ambiente. La escasez de agua es un concepto relativo y dinámico, y puede aparecer a cualquier nivel de suministro o demanda, pero también es una construcción social: todas sus causas están relacionadas con la intervención humana en el ciclo del agua. Cambia con el tiempo a consecuencia de la variabilidad hidrológica natural, pero varía aun más en función de los modelos existentes de gestión, planificación y política económica. Cabe esperar que la escasez de agua se intensifique con casi todas las formas de desarrollo económico, pero si se identifican correctamente, muchas de sus causas pueden anticiparse, evitarse o mitigarse.
Los tres aspectos principales que caracterizan la escasez de agua son: la falta física de agua disponible para satisfacer la demanda; el nivel de desarrollo de las infraestructuras que controlan el almacenamiento, distribución y acceso; y la capacidad institucional para aportar los servicios de agua necesarios.

Elementos fundamentales de la escasez de agua
y el papel de la agricultura
El uso de agua sin restricciones ha crecido a nivel global a un ritmo de más del doble del aumento de la población en el siglo XX, hasta tal punto que en muchas regiones ya no es posible el suministro de un servicio de agua fiable. La presión demográfica, el ritmo de desarrollo económico, la urbanización y la contaminación están ejerciendo una presión sin precedentes sobre un recurso renovable pero finito, sobre todo en regiones áridas y semiáridas.
La agricultura es el sector económico en el que la escasez de agua tiene más relevancia. En la actualidad, la agricultura es responsable del 70% de las extracciones de agua dulce y de más del 90% de su uso consuntivo. Bajo la presión conjunta del crecimiento de la población y de los cambios en la dieta, el consumo de alimentos está aumentando en casi todas las regiones del mundo. Se espera que para el año 2050 sea necesario producir 1 billón de toneladas de cereal y 200 millones de toneladas de carne más al año para poder satisfacer la creciente demanda de alimentos.
Hasta qué punto es este crecimiento constante de la demanda de agua ‘negociable’? En general, se entiende que el agua para satisfacer las necesidades básicas no es negociable – para mantener la salud los humanos necesitan un nivel mínimo de acceso a agua de buena calidad. Del mismo modo, con el reconocimiento cada vez más extendido del derecho a los alimentos, y siendo el agua un factor crítico para su producción, se puede considerar una cantidad mínima para la producción de subsistencia que tampoco sería negociable. Sin embargo, a nivel global, las extracciones de agua para uso doméstico solo representan el 10% de todos los usos y tienen una tasa de consumo muy baja – la mayor parte del agua de uso doméstico vuelve al medio ambiente con unas pérdidas mínimas por evaporación incluso si se ha degradado su calidad. Por el contrario, el uso agrícola tiene consecuencias directas aguas abajo ya que la producción de biomasa precisa grandes cantidades de agua que se perderán por transpiración. Si el agua se usa para regar y se pierde por transpiración, esto supone una pérdida hidrológica local que reduce la disponibilidad de agua en las zonas situadas aguas abajo. El objetivo de este informe es evaluar las opciones y las posibilidades de ajuste del uso de agua en la agricultura en respuesta a la escasez de agua.

Medición de la escasez de agua: el ciclo hidrológico
El correcto entendimiento de la escasez de agua depende de la comprensión de las leyes físicas que rigen los procesos hidrológicos, y de los medios para asignar y medir el uso del agua.
1. El agua es un recurso renovable, pero sus patrones cambian con el espacio y el tiempo.
2. El agua está en un estado continuo de cambio entre sus distintos estados (sólido, líquido y gaseoso) que está determinado por los gradientes de energía asociados a los procesos físicos de evaporación, transpiración, condensación, precipitación, infiltración, escorrentía, flujo sub-superficial o hipodérmico, congelación y fusión. La planificación y gestión debería basarse en estos flujos y fluctuaciones, más que en las reservas.
3. El balance hídrico está gobernado por la conservación de la masa. La cantidad de agua que llega a un área determinada es igual a la cantidad de agua que sale de esa misma área y cualquier diferencia resultaría en cambios en el almacenamiento. Las interconexiones entre agua superficial, agua subterránea, contenido de humedad del suelo y procesos de evapotranspiración son de vital importancia, y aun no quedan bien reflejadas en muchos planes de gestión de agua a nivel nacional.
4. Todos los terrenos de una cuenca fluvial están conectados por el agua. Por lo tanto, las acciones realizadas en una parte del ciclo hidrológico tendrán consecuencias en otras partes del sistema, de modo que para casi todos los propósitos e intenciones, el agua se gestiona mejor basándose en unidades hidrográficas.
5. Con la intensificación del uso del agua, las funciones de limpieza y dilución de los ecosistemas acuáticos se ven forzadas hasta sus límites, dando lugar a la acumulación de sustancias contaminantes.
6. Si se desea mantener un conjunto de bienes y servicios del ecosistema acuático, es necesario imponer limitaciones sobre la disponibilidad de agua para uso humano en un área determinada.
7. Por lo tanto, la contabilidad del agua, es decir, la organización y presentación sistemática de la información sobre los volúmenes físicos y la calidad de los caudales (desde el origen hasta el sumidero) de agua en el entorno natural, así como los aspectos económicos del suministro y el uso del agua, debería ser la base para el desarrollo de cualquier estrategia para afrontar la escasez de agua. La contabilidad del agua aporta una visión completa de los recursos hídricos y de los sistemas de suministro y de cómo están relacionados con las demandas sociales y el uso real.
8. Las auditorías del agua van un paso más allá, y colocan el suministro y la demanda de agua en un contexto más amplio que considera gobernanza, instituciones, finanzas, accesibilidad e incertidumbre. Todos estos son elementos necesarios para diseñar estrategias efectivas para afrontar la escasez de agua.

Opciones políticas y de gestión
Las opciones para afrontar la escasez de agua pueden dividirse en aumento del suministro y gestión de la demanda. El aumento del suministro contempla el incremento del acceso a fuentes de agua convencionales, la reutilización de aguas de drenaje y de aguas residuales, los trasvases entre cuencas, la desalinización y el control de la contaminación. La gestión de la demanda se define como un conjunto de acciones que controlan la demanda, bien aumentando la eficiencia económica general del uso del agua como recurso natural, o bien re-asignando los recursos hídricos dentro de cada sector y entre los distintos sectores. Las opciones para afrontar la escasez de agua en la agricultura se pueden ver como un continuo desde la fuente de agua hasta el usuario final (el agricultor), y posteriormente, el consumidor de productos agrícolas. Sin embargo, se debe hacer hincapié en que al nivel de demanda de agua agrícola observado normalmente en los países productores de alimentos, las medidas para el aumento del suministro y la gestión de la demanda, están a menudo conectadas a través del ciclo hidrológico.

Aumento del suministro
A lo largo del siglo XX, se han utilizado grandes presas multiusos para cubrir las necesidades de agua para agricultura, energía y ciudades en crecimiento, y para ayudar a proteger a la población de las inundaciones. Aunque aun se podrían hacer más presas en algunas regiones, casi todas las localizaciones adecuadas para ello están ya en uso, y la construcción de nuevos embalses cada vez está más cuestionada por consideraciones económicas, sociales y medioambientales.
La conservación de agua dentro de las fincas agrícolas, sobre todo la adopción de prácticas agrícolas que reduzcan las pérdidas por escorrentía, para aumentar la infiltración y el almacenamiento de agua en el suelo en agricultura de secano, es la opción de aumento del suministro local más relevante para que los agricultores aumenten su producción. A una escala algo mayor, se pueden emplear pequeños sistemas descentralizados de captación y almacenamiento de agua que contribuyan a aumentar la disponibilidad de agua y la producción agrícola a nivel doméstico y comunitario. Sin embargo, algunos ambiciosos programas de captación de agua a pequeña escala, como el programa de gestión de cuenca desarrollado en Andhra Pradesh y en otras partes de India, han resultado tener un impacto significativo en la hidrología del área de captación y en la disponibilidad de agua aguas abajo.
La explotación de aguas subterráneas ha crecido exponencialmente en escala e intensidad a lo largo de las últimas décadas. Los agricultores han visto como una gran ventaja la capacidad del agua subterránea para ofrecer un suministro flexible y a demanda para el riego. La intensificación del uso de agua subterránea ha contribuido a mejorar las vidas de millones de personas en áreas rurales, pero también ha resultado en el agotamiento a largo plazo de los acuíferos, en la contaminación del agua subterránea y en la intrusión salina en importantes acuíferos costeros. La adopción de medidas para el reciclaje del agua de drenaje y de aguas residuales para la agricultura suele tener una correlación positiva con la escasez de agua. La reutilización del agua de drenaje es una realidad en la mayoría de los grandes sistemas de riego, en particular en los grandes arrozales de Asia. De menor peso global, pero igualmente importante a nivel local, es la reutilización de aguas residuales urbanas (se estima que en todo el mundo unos 20 millones de hectáreas de tierras agrícolas se riegan con aguas residuales). Es necesario esforzarse por evaluar mejor la reutilización y su potencial, y promover el reciclaje seguro de aguas residuales en la agricultura, sobre todo en áreas con escasez de agua.

Gestión de la demanda en agricultura
En términos amplios, la agricultura tiene tres opciones para gestionar la demanda de agua total dentro del dominio hídrico:
 Reducir las pérdidas de agua;
aumentar la productividad del agua; y
 re-asignar el agua.
Normalmente, la primera opción más evidente es aumentar la eficiencia del uso del agua reduciendo las pérdidas en el proceso de producción. Técnicamente, ‘eficiencia del uso del agua’ es un ratio sin unidades que se puede calcular a cualquier escala, desde el sistema de riego hasta el punto de consumo en el campo. Generalmente se aplica a cualquier gestión que reduzca el uso no beneficioso del agua (por ejemplo, reducción de fugas o pérdidas por evaporación durante el transporte y la aplicación del agua). La segunda opción es aumentar la productividad del agua. Esto supone obtener más cultivo o más valor por volumen de agua aplicado. La tercera opción es re-asignar el agua a usos de más valor mediante transferencias intersectoriales (transferencias al suministro municipal, por ejemplo) o transferencias intrasectoriales, limitando el área regada para un determinado cultivo para reducir la evapotranspiración o desviando el agua a cultivos más valiosos.
Claramente hay opciones para gestionar la demanda de agua para agricultura en el tiempo y en el espacio. Sin embargo, a menudo se hace demasiado énfasis en la primera opción, dirigiendo todos los esfuerzos a reducir las ‘pérdidas’ de agua en los sistemas de distribución de riego. Hay dos factores que limitan la viabilidad y el impacto de la reducción de las pérdidas de agua.
En primer lugar, solo una parte del agua ‘perdida’ durante su extracción para usos beneficiosos (definida como el agua desviada para fines con beneficios claros y tangibles, como uso doméstico, riego, o procesado y refrigeración industrial), se puede recuperar de forma efectiva a un coste razonable. En segundo lugar, parte del agua ‘perdida’ entre su origen y el usuario final vuelve al sistema hidrológico, bien por percolación en los acuíferos o bien como caudal de retorno a los sistemas fluviales. La proporción de agua que se pierde en consumo no beneficioso, por evaporación o por drenaje a masas de agua de baja calidad o al mar, varía según las condiciones locales. Es necesario estudiar con detalle las posibilidades reales de reducir las pérdidas de agua para evitar el diseño de estrategias de gestión de la demanda ineficaces y costosas.
En la mayoría de los casos, la única forma para gestionar la demanda de agua en la agricultura es aumentar la productividad del agua. El aumento del rendimiento de los cultivos (producción por unidad de tierra) es la vía más importante para aumentar la productividad de los cultivos con respecto al agua. El aumento de los rendimientos es posible a través de varios elementos, como mejora del control del agua, mejora de la gestión de la tierra y ciertas prácticas agronómicas.
Esto incluye la elección del material genético y la mejora de la gestión de la fertilidad del suelo y de la protección de los cultivos. Es importante tener en cuenta que la mejora genética y la biotecnología pueden ayudar aumentando las partes cosechables de la biomasa, reduciendo las pérdidas de biomasa al aumentar la resistencia a plagas y enfermedades, reduciendo la evaporación del suelo mediante un crecimiento temprano vigoroso que cubra el suelo rápidamente, y aumentando la resistencia a la sequía. Por lo tanto, es importante considerar la gestión de la demanda total centrándose en la productividad, en vez de concentrarse únicamente en la eficiencia técnica del uso del agua.
Si se considera la productividad en términos de valor añadido y no de producción, la re-asignación del suministro de agua a cultivos de más valor es una salida obvia para los agricultores que quieran aumentar su nivel de ingresos. Para que esto ocurra, es necesario que se produzcan cambios tanto en la gestión como en la tecnología asociadas al riego, para dar a los agricultores un mayor control sobre el suministro de agua. Además, para poder hacer el cambio a cultivos de más valor es necesario tener acceso a insumos, como semillas, fertilizantes y crédito, así como a la tecnología y al conocimiento técnico, y unas condiciones razonables para operar en un mercado mucho más competitivo. Sin embargo, en la práctica, muy pocos agricultores son capaces de tomar esta decisión, puesto que el mercado de cultivos de más valor es más limitado que el de productos básicos. Aparte de la preocupación por la productividad, es posible que la demanda de agua esté simplemente limitada o tenga un tope. Esta es una medida que se aplica comúnmente cuando el volumen de evapotranspiración usado en la producción de una unidad de producto agrícola se limita al reducir el área de riego.

Un aspecto clave de las estrategias de gestión de la demanda es comprender los papeles, actitudes y estrategias de las partes implicadas, entre ellas las instituciones correspondientes. En última instancia, es al nivel del agricultor donde se produce el mayor consumo de agua. Su comportamiento y su capacidad de adaptación estarán determinados por un conjunto de iniciativas seleccionadas con mucho cuidado que implican cambios estructurales e institucionales, y una mayor fiabilidad y flexibilidad del suministro de agua. Las estrategias de los agricultores estarán encaminadas al ahorro de agua únicamente cuando la disponibilidad de la misma se convierta en el principal factor limitante. Las políticas basadas en sistemas de tarifas dirigidas a reducir la demanda de agua agrícola han demostrado tener éxito en algunos casos, pero precisan unas condiciones muy limitantes y a menudo son difíciles de implementar. Los modelos basados en cuotas o usos (o extracciones) de agua tienen en la mayoría de los casos mayores probabilidades de éxito.

Acciones fuera del dominio hídrico
La respuesta agrícola a la escasez de agua se encuentra, al menos en parte, fuera del dominio hídrico. En este punto, se pueden identificar otras medidas que pueden ayudar a gestionar la demanda de agua:
 reducción de las pérdidas en la cadena de valor post-cosecha;  reducción de la demanda de producción de regadío sustituyéndola por importaciones de secano; y  reducción de la demanda de agua agrícola per cápita.

Reducción de las pérdidas en la cadena de valor post-cosecha
Además de en la producción agrícola, también se pueden ahorrar importantes cantidades de agua tratando cuestiones como el gasto en la cadena alimenticia, las dietas, y el papel del comercio agrícola. A lo largo de toda la cadena alimenticia se producen pérdidas y despilfarros, que se han estimado en un 50% de la producción en países desarrollados. Parte de estas pérdidas es irrecuperable, pero merece la pena identificar con cuidado las mayores fuentes de pérdidas y evaluar las posibles opciones para reducirlas.

Reducción de la demanda de producción de regadío a través de la sustitución
Se pueden considerar como opciones posibles el aumento de la producción de secano y la importación de alimentos a través del comercio internacional.
Hay varias razones para invertir en agricultura de secano como parte de la estrategia para afrontar la escasez de agua, pero las posibilidades varían mucho de un sitio a otro. En lugares en los que el clima favorece la agricultura de secano, hay mucho potencial para incrementar la productividad si los rendimientos aun son bajos, como es el caso en muchas regiones de África subsahariana. En esta situación, una combinación de buenas prácticas agrícolas, la mejora de los vínculos hacia arriba y hacia abajo de la explotación agrícola (acceso a financiación, insumos y mercados), y seguros para protegerse de fenómenos meteorológicos, puede mejorar la productividad agrícola con un impacto muy pequeño sobre los recursos hídricos.
El comercio es especialmente importante en países en los que la escasez de agua limita la capacidad de la agricultura para satisfacer las necesidades de otros productos agrícolas. En los años noventa se desarrolló el concepto de ‘agua virtual’ para indicar que en un mundo razonablemente seguro e interdependiente, se pueden obtener mejoras en la productividad del agua poniendo cultivos en zonas en las que el clima hace posible una alta productividad del agua a menor coste y vendiéndolos en zonas con una menor productividad del agua. Aunque raramente se expresa en términos de agua, el comercio de agua virtual es ya una realidad en muchos países con escasez de agua, y se espera que crezca en el futuro.

Reducción de la demanda de agua per cápita
Finalmente, el aumento del consumo de carne, y en menor medida, el de productos lácteos, se traduce en un aumento del consumo de agua, ya que su producción requiere grandes cantidades de agua. El punto hasta el que las sociedades están dispuestas a modificar sus hábitos alimenticios como parte de un esfuerzo mayor por reducir su huella ambiental es algo que queda más allá de la preocupación por la escasez de agua. Sin embargo, tiene implicaciones para la seguridad alimentaria nacional y para las estrategias para afrontar la escasez de agua.

1.
Afrontar la escasez de agua. Un marco de acción para la agricultura y la seguridad alimentaria;
FAO
Resumen

2.
Agua y Energía. Resumen ejecutivo;
ONU
Resumen

3.
Captación y almacenamiento de agua de lluvia. Opciones técnicas para la agricultura familiar en América Latina y el Caribe;
FAO
Resumen

4.
Cartilla de uso y manejo de agua segura para consumo y la producción en huertos familiares;
FAO
Resumen

5.
Desarrollo de estudios de ingeniería para la optimización de las prácticas de riego en los valles del río Pisco y la quebrada del río Seco en Ica, Perú;
PNUMA
Resumen

6.
El estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura. La gestión de los sistemas en situación de riesgo;
FAO
Resumen

7.
Gestión integrada de crecidas: documento conceptual;
OMM
Resumen

8.
Manejo de la información para la gestión integrada de recursos hídricos en la amazonía peruana;
Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP)
Resumen

9.
Manual para la formulación de reglamentos nacionales para la gestión de recursos hídricos. Principios y práctica;
FAO
Resumen

10.
Respuesta del rendimiento de los cultivos al agua;
FAO
Resumen

11.
Reutilización del agua en la agricultura: ¿Beneficios para todos?;
FAO
Resumen

12.
Tecnologías para el uso sostenible del agua;
FAO
Resumen

     
 

 

 
     
     

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