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Agricultura
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AGRICULTURA
Tal como se afirmó en la Conferencia de las Naciones Unidas de 1972 sobre el Medio Humano y en la Cumbre para la Tierra de 1992, los seres humanos son el centro del desarrollo sostenible. Sin embargo, aún hoy, más de 900 millones de personas siguen padeciendo hambre. Las poblaciones pobres del mundo, especialmente en las zonas rurales, están entre los más vulnerables ante las situaciones de crisis alimentaria, climática, financiera, económica, social y energética, y ante las amenazas a las que el mundo hoy se enfrenta.
No podemos llamar sostenible al desarrollo mientras persista esta situación, mientras que casi uno de cada siete hombres, mujeres y niños se queda atrás, víctima de la subnutrición.
La búsqueda de la seguridad alimentaria puede ser el hilo común que una los distintos desafíos que enfrentamos y contribuye a construir un futuro sostenible. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río + 20) tenemos la oportunidad de oro para explorar la convergencia entre los programas de la seguridad alimentaria y la sostenibilidad a fin de hacer realidad ese futuro sostenible.
Ambos requieren cambios en busca de modelos más sostenibles de producción y consumo. Para alimentar a una población en crecimiento que se espera supere la cifra de 9 000 millones en 2050, la FAO prevé la necesidad de aumentar la producción agrícola en un 60% como mínimo en los próximos decenios. A tal fin, debemos conservar y crecer: aumentar la producción agrícola al mismo tiempo que preservamos el medio ambiente.
Pero incluso en ese caso, la presión sobre nuestros recursos naturales será extrema. Por tanto, debemos también cambiar la manera en que comemos y hallar la forma de alimentar al mundo sin necesidad de producir tanto. Esto puede hacerse pasando a dietas más saludables en los sectores más ricos de la población y reduciendo la pérdida y el derroche de alimentos que existen en los países industrializados y en los países en desarrollo, que nos hacen desechar 1 300 millones de toneladas de alimentos cada año, entre la producción y el consumo.
Sin embargo, incluso si realmente incrementamos la producción agrícola en un 60%, el mundo todavía tendrá 300 millones de hambrientos en 2050 porque, al igual que los cientos de millones de hoy en día, seguirían careciendo de los medios para acceder a los alimentos que necesitan. Para ellos, la seguridad alimentaria no es un problema de insuficiencia de la producción; se trata de un problema de acceso inadecuado. La única forma de garantizar su seguridad alimentaria es creando empleos dignos, pagando mejores salarios, dando acceso a activos productivos y distribuyendo los ingresos de una manera más equitativa.
Tenemos que traer a estas personas a la sociedad, complementando el apoyo a los pequeños agricultores y oportunidades de generación de ingresos con el refuerzo de las redes de protección, programas de dinero por trabajo y de transferencias de dinero que contribuyen al fortalecimiento de los circuitos de producción local y consumo, en un esfuerzo que debe contribuir a nuestros objetivos de desarrollo sostenible.
La transición hacia un futuro sostenible también exige cambios fundamentales en la gobernanza de la alimentación y la agricultura y un reparto equitativo de los costos y los beneficios de la transición. En el pasado, los más pobres han pagado una parte mayor de los costos de transición y han recibido una menor proporción de los beneficios. Este es un desequilibrio inaceptable y que debe cambiar. La velocidad del cambio también debería preocuparnos, de tal manera que la población vulnerable pueda adaptarse y ser parte de los cambios, en lugar de ampliar las diferencias que existen en la actualidad.

La mejora de los sistemas agrícolas y alimentarios es fundamental para que aumente en todo el mundo la salud de la población y los ecosistemas. No se puede llevar una vida sana y productiva a no ser que “todas las personas tengan en todo momento acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 1996).
Los ecosistemas sanos deben ser resistentes y productivos y facilitar los bienes y servicios necesarios para atender las necesidades y deseos actuales de la sociedad sin poner en peligro las posibilidades de las generaciones futuras de beneficiarse del abanico completo de bienes y servicios derivados de los ecosistemas terrestres, acuáticos y marinos.
Existen vínculos muy estrechos entre las condiciones para alcanzar a escala universal la seguridad alimentaria y nutricional, la administración responsable de los recursos medioambientales y una gestión alimentaria más justa.
Todos ello converge en los sistemas agrícolas y alimentarios a nivel mundial, nacional y local. Para poner de relieve estos vínculos, la FAO desea transmitir a la Cumbre Río+20 tres mensajes principales:
• La visión de Río de un desarrollo sostenible no podrá hacerse realidad a menos que se erradiquen el hambre y la malnutrición.
• La visión de Río exige que tanto el consumo de alimentos como los sistemas de producción consigan más con menos.
• La transición a un futuro sostenible exige cambios fundamentales en la gobernanza de la alimentación y la agricultura, así como una distribución equitativa de los costos de la transición y sus beneficios.

La FAO está convencida de que la visión de Río seguirá sin cumplirse mientras perduren el hambre y la malnutrición.
La gestión sostenible de los sistemas agrícolas y alimentarios es clave para un futuro sostenible. Se necesitan políticas acertadas con el objeto de crear los incentivos y capacidades necesarios para un consumo y una producción sostenibles y ofrecer a los consumidores y los productores opciones sostenibles.
Los gobiernos nacionales y otras partes interesadas tienen que:
1. Establecer y proteger los derechos sobre los recursos, especialmente para los más vulnerables;
2. Incorporar en los sistemas alimentarios incentivos al consumo y producción sostenibles;
3. Promover mercados agrícolas y alimentarios justos que funcionen adecuadamente;
4. Reducir el riesgo y aumentar la capacidad de resistencia de los más vulnerables; e
5. Invertir recursos públicos en bienes públicos esenciales, incluidas la innovación y la infraestructura.

Utilizar las Directrices Voluntarias en apoyo de la Realización Progresiva del Derecho a una Alimentación Adecuada en el Contexto de la Seguridad Alimentaria Nacional y las Directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria nacional como marcos generales para el logro de la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible equitativo.
Apoyar los esfuerzos de todas las partes interesadas que se ocupan de la alimentación y la agricultura, especialmente en los países en desarrollo y menos adelantados, para aplicar enfoques técnicos y normativos de desarrollo agrícola que incorporen objetivos ambientales y de seguridad alimentaria.
Garantizar una distribución equitativa de los costos y beneficios derivados de la transición al consumo y la producción agrícolas sostenibles, así como la protección de los medios de vida de las personas y su acceso a los recursos.
Adoptar enfoques integrados para gestionar múltiples objetivos y vincular las fuentes de financiación para lograr una agricultura y sistemas alimentarios sostenibles.
Emprender reformas de la gobernanza basadas en los principios de transparencia, participación y rendición de cuentas para garantizar la aplicación de las políticas y el cumplimiento de los compromisos. El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial puede servir de modelo para estas reformas.

En el primer principio de la Declaración de Río de 1992 (Naciones Unidas, 1992) se afirma lo siguiente:
Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible.
Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.
Desde entonces se ha hecho mucho por acercar al mundo a un futuro común y sostenible, pero, 20 años después, aún tenemos que hacer valer este principio fundamental; demasiadas personas del planeta aún no llevan una vida saludable y productiva, mientras que el mundo crece de formas que no siempre están en armonía con la naturaleza. ¿En qué no hemos estado a la altura de las circunstancias?
La vida saludable y productiva depende de la seguridad alimentaria, que se logra cuando “todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 1996). Son muy estrechos los vínculos entre las condiciones necesarias para alcanzar la seguridad alimentaria y la nutrición universales, la administración responsable del medio ambiente y una gestión alimentaria más justa.
Todo ello converge en los sistemas agrícolas y alimentarios a nivel mundial, nacional y local. Uno de los mayores defectos de los actuales sistemas alimentarios es que, pese a los progresos significativos en el desarrollo y la producción de alimentos, cientos de millones de personas pasan hambre al carecer de medios para producir o comprar los alimentos que necesitan para llevar una vida saludable y productiva. Los sistemas alimentarios deben gestionarse con el fin de alcanzar la seguridad alimentaria universal.
Un segundo defecto de los actuales sistemas alimentarios es que su impacto ambiental es alto. Los costos y beneficios de un sistema sostenible no se reflejan adecuadamente en las decisiones adoptadas por todos los participantes en estos sistemas: los millones de personas que gestionan ecosistemas para producir alimentos y otros bienes y servicios agrícolas, los 7 000 millones de consumidores de todo el mundo y las instituciones públicas y privadas que influyen en estas decisiones. Los sistemas alimentarios deben gestionarse de forma sostenible.

Los sistemas agrícolas incluyen los procesos naturales o gestionados de obtención de productos alimentarios y no alimentarios (como combustible o fibra) a partir de la agricultura, la ganadería, la pesca y la silvicultura.
Los sistemas agrícolas constituyen la fuente de todos los alimentos del mundo y la principal fuente de ingresos de la mayor parte de la población pobre que padece inseguridad alimentaria.
Los sistemas alimentarios coinciden con los sistemas agrícolas en la esfera de la producción alimentaria, pero también comprenden las distintas combinaciones de instituciones, tecnologías y prácticas que determinan la comercialización, la elaboración, el transporte, el acceso y el consumo en relación con los alimentos. Los sistemas alimentarios influyen no solo en qué se consume y cómo se produce y se compra, sino también en quién puede comer y la medida en que sus alimentos son nutritivos.

La mejora de los sistemas agrícolas y alimentarios es esencial para que aumente en todo el mundo la salud de la población y los ecosistemas. Dos de los principales elementos de la respuesta necesaria no son nuevos, si bien seguimos avanzando cada vez más en su comprensión: que la erradicación del hambre es esencial para el desarrollo sostenible y que para eliminar el hambre y proteger los ecosistemas son fundamentales sistemas de consumo y producción sostenibles. No hemos estado a la altura en relación con un tercer elemento: las dificultades relativas a la gobernanza que deben abordarse para alcanzar estas metas. Sabemos claramente lo que hay que hacer, pero todavía carecemos de un sistema de gobernanza que garantice la aplicación, el seguimiento y la evaluación de lo sabido y acordado.

Para conseguir el futuro que queremos (un mundo sin hambre y con desarrollo sostenible), la FAO trata de fomentar el consenso en torno a los cambios necesarios a nivel mundial, regional y nacional para erradicar el hambre, apoyar la transición a sistemas sostenibles de consumo y producción de alimentos y garantizar una gestión alimentaria más justa. Pide que este consenso se traduzca en un compromiso de acción profundo y sostenible y exhorta a todas las partes interesadas representadas en Río a que adopten con urgencia la nueva determinación necesaria para actuar juntos en un espíritu genuino de cooperación y alianza con el fin de aplicar las medidas necesarias y asumir la responsabilidad a efectos de la consecución del primer principio de Río de 1992.


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SOSTENIBLE
En octubre de 2009, se reunieron en la ciudad de Medellín (Colombia) representantes de organismos gubernamentales, institutos de investigación, Ong y organizaciones internacionales, procedentes de 12 países de América Latina y el Caribe, paraelaborar estrategias destinadas a acabar con las altas tasas de pobreza en las zonas urbanas y la inseguridad alimentaria en la región. la rEunión sE cElEbró mientras muchos de estos países salían lentamente de los efectos de la inflación mundial de los precios de los combustibles y los alimentos, que habían elevado el costo de la vida más allá de los recursos de muchos de los 160 millones de pobres de las zonas urbanas. Las más afectadas eran las familias urbanas de los países del Caribe, que dependen en gran medida de las importaciones de alimentos, y las de los países con altos niveles de pobreza extrema en las zonas urbanas, donde las compras de alimentos representan la mayor parte del gasto de los hogares de bajos ingresos.

En la reunión de Medellín se propuso una transición urbana hacia la inclusión social, la equidad y la sostenibilidad. La Declaración de Medellín insta a los gobiernos nacionales, estatales y locales a incorporar la agricultura urbana y periurbana en sus programas destinados a erradicar el hambre y la pobreza, fortalecer la seguridad alimentaria y la nutrición, promover el desarrollo local y mejorar el medio ambiente urbano.

En esos momentos, la agricultura urbana y periurbana proporcionaba una red de seguridad a muchas familias de bajos ingresos. Análisis recientes de la Fao de encuestas nacionales de las familias realizadas entre 2003 y 2008 indican que 1,4 millones de residentes urbanos de Nicaragua y Guatemala también eran productores de alimentos. Los ahorros en las compras de alimentos, junto con las ventas de los productos, representaban más de una quinta parte de los ingresos de los hogares.

Cinco años después, el presente informe se centra en los progresos alcanzados en la realización de la perspectiva de Medellín sobre “ciudades más verdes” en América Latina y el Caribe, donde la agricultura urbana y periurbana está reconocida en las políticas públicas, se incluye en las estrategias de desarrollo urbano y la planificación del uso de la tierra, cuenta con el apoyo de entidades de investigación y extensión agrícola y está vinculada a las fuentes de la innovación tecnológica, la inversión y el crédito, así como a los mercados urbanos y los consumidores.

Desde 2009, la población urbana de América Latina y el Caribe ha aumentado en unos 50 millones, alcanzado casi los 500 millones de personas. Actualmente la región es la más urbanizada del mundo, ya que el 80 % de su población vive en ciudades. Casi 70 millones de habitantes se concentran en cuatro megalópolis: Buenos Aires, la Ciudad de México y dos ciudades brasileñas, Río de Janeiro y São Paulo.

Si bien el porcentaje de habitantes de barrios urbanos marginales dentro de la población urbana ha disminuido, el número total ascendió a más de 110 millones de personas en 2010. Las tasas de pobreza urbana siguen siendo inaceptablemente elevadas: el 30 % de los residentes urbanos de Colombia, el 35 % de Guatemala y el 24 % delParaguay vivían por debajo del umbral nacional de pobreza en 2011.

Además, todavía no se ha derrotado el fantasma del hambre urbana. Un reciente estudio del Banco Mundial encontró que los precios de los alimentos seguirán siendo elevados en América Latina y el Caribe. Según este estudio, los habitantes pobres de las zonas urbanas serán los que más sufrirán las repercusiones de los futuros aumentos de precios.

El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (Onu-Hábitat) considera que las ciudades de América Latina y el Caribe tienen posibilidades de salir del subdesarrollo, la desigualdad y la insostenibilidad. Tras 50 años de crecimiento acelerado, el proceso de urbanización está “prácticamente concluido” en todos los países.

Según Onu-Hábitat, en estos momentos la región necesita crear centros urbanos que sean ambientalmente sostenibles, promover la inclusión social, favorecer el empleo local y reafirmar la primacía de los espacios públicos. Un punto de partida para esta transformación es la agricultura urbana y periurbana.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura promueve activamente la agricultura urbana y periurbana desde 1999, cuando determinó que 800 millones de personas en todo el mundo participaban activamente en la agricultura, la ganadería, la pesca y la producción forestal en las zonas urbanas y conurbadas. Desde entonces, la población urbana de las regiones menos desarrolladas del mundo ha pasado de 2 000 millones de personas a más de 2 700 millones.

Los conceptos de la agricultura urbana y periurbana han evolucionado junto con el crecimiento demográfico, los desafíos del cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales. Actualmente, la producción de alimentos en las zonas urbanas y periurbanas se considera un factor esencial para conseguir “sistemas alimentarios de las ciudadesregión” que sean sostenibles y con capacidad de recuperación y que estén plenamente incorporados en la planificación del desarrollo.

Además de proporcionar los pobres de las zonas urbanas alimentos nutritivos e ingresos adicionales, la agricultura urbana y periurbana se ha convertido en un elemento clave de las estrategias destinadas a reducir la huella ecológica de las ciudades, reciclar los residuos urbanos, contener la expansión urbana, proteger la biodiversidad, fortalecer la capacidad de recuperación ante el cambio climático, estimular las economías regionales y reducir la dependencia del mercado mundial de alimentos.

Para evaluar el estado de la agricultura urbana y periurbana en América Latina y el Caribe, la FAO llevó a cabo en 2013 una encuesta en 27 países, de los que 23 enviaron respuesta Además, la Fao encargó la realización de estudios de casos sobre la agricultura practicada en y alrededor de 13 grandes ciudades de la región*.
Se proporcionaron datos sobre la agricultura de 110 ciudades y municipios, desde grandes aglomeraciones como la Ciudad de México hasta comunidades como San José del Golfo (con una población de 5 889 personas), en Guatemala; desde la próspera capital regional de Belo Horizonte, en el Brasil, hasta los campamentos de las afueras de Puerto Príncipe donde se hacinan personas desplazadas.

La investigación de la FAO ha confirmado que la agricultura urbana y periurbana está muy difundida en la región. Se practica, por ejemplo, en un 40 % de los hogares de Cuba y en el 20 % de los de Guatemala y Santa Lucía. En las principales ciudades y municipios del Estado Plurinacional de Bolivia, 50 000 familias son productoras de alimentos. En Bogotá, 8 500 familias producen alimentos para consumo doméstico. En Haití, 25 500 familias cultivan 260 ha de tierra en Puerto Príncipe y sus alrededores y en otras ciudades.

Entre las capitales, la “más verde” es La Habana, donde 90 000 residentes se dedican a alguna forma de agricultura, ya sea cultivando huertos caseros o trabajando en los huertos y las granjas pecuarias comerciales de la ciudad. Quito es otra de las que destacan, ya que según el último recuento contaba con 140 huertos comunitarios, 800 huertos familiares y 128 huertos escolares. La agricultura urbana de la región abarca una amplia gama de actividades adaptadas a espacios pequeños, desde el cultivo de hortalizas en los traspatios de las casas hasta la producción intensiva de flores y la cría de animales pequeños para obtener huevos y carne. Los huertos escolares y la horticultura familiar son las formas predominantes de producción de alimentos en las zonas urbanas.

Los huertos familiares son habituales en las zonas urbanas de Cuba, Colombia, Nicaragua, el Ecuador y el Perú y en la mayoría de los países del Caribe. Estos huertos producen berenjena y ocra en Antigua y Barbuda, zanahoria y cilantro en Tegucigalpa, brócoli y quinua en Quito y espinacas y fresas en el altiplano boliviano.

En Bolivia, las familias también crían cobayos, que se adaptan fácilmente a espacios pequeños y son una buena fuente de proteínas. En los barrios que circundan la Ciudad de México, se crían conejos, aves y borregos. En los barrios deprimidos de Kingston, los jóvenes crían peces tropicales para su exportación a América del Norte.

Los agricultores urbanos provienen de todos los grupos de edad y orígenes sociales. La mayoría, sin embargo, proceden de familias de bajos ingresos y practican la agricultura como una manera de reducir su gasto en alimentos y de obtener más ingresos por la venta de sus productos. En 16 de los 23 países estudiados, los agricultores urbanos o periurbanos obtenían algunos ingresos con esta actividad.

La principal ventaja, sin embargo, ha sido mejorar el acceso a los alimentos. Los horticultores urbanos y sus familias disfrutaban de una alimentación más variada que otros habitantes de las zonas urbanas y tenían más probabilidades de consumir frutas y hortalizas con regularidad.
Las mujeres son la fuerza motriz de la agricultura urbana en muchos países, especialmente en el Caribe, Bolivia, Colombia, el Ecuador, Honduras y Nicaragua. Una elevada proporción de las familias de agricultores urbanos están a cargo de una mujer:
el 90 % en Managua, el 86 % en Haití, el 70 % en la Ciudad de Belice y el 25 % en Quito. El principal reto que afrontaban los agricultores en las ciudades estudiadas era la falta de espacio, seguida de la mala calidad de los suelos y la falta de fiabilidad del suministro de agua. Para aquellos interesados en producir grandes excedentes para la venta, las principales dificultades eran el alto costo de los insumos, así como la falta de semillas de calidad y del crédito necesario para comprar herramientas y equipos de procesamiento. Pero unos rendimientos superiores no garantizaban la obtención de ingresos más altos: la mayoría de los productores tenía un acceso muy limitado a los mercados.

En los sistemas alimentarios de las ciudades-región, la agricultura practicada en las zonas periurbanas y rurales es fundamental para el abastecimiento de alimentos a los centros urbanos y contribuye al empleo, los medios de subsistencia, la nutrición y la capacidad de recuperación del medio ambiente. La escala de la ciudad-región se considera una unidad espacial sostenible y manejable para la integración de la producción alimentaria con otros servicios de los ecosistemas, al tiempo que ayuda a asegurar la protección social de la población pobre de las zonas rurales y urbanas.

En América Latina y el Caribe, la agricultura periurbana incluye grandes zonas agrícolas de producción de cereales, hortalizas y tubérculos, tierras de pastoreo de cabras y ovejas, granjas lecheras y unidades de producción ganadera intensiva. Unas 22 800 ha de tierras agrícolas dentro del perímetro de la Ciudad de México producen anualmente alrededor de 15 000 t de hortalizas. En las afueras de Lima, en unas 5 000 ha de tierras de regadío, se cultivan hortalizas de ciclo corto para la venta en los mercados de la ciudad. La agricultura a pequeña escala es una fuente de ingresos para la población procedente de las zonas rurales y para muchos de los habitantes pobres de las zonas urbanas de Lima.

A pesar de su papel en la creación de empleo y el suministro de alimentos a las ciudades, la agricultura periurbana sufre la presión cada vez mayor de la urbanización. En la Argentina, la producción de soja para la exportación ha desplazado de la periferia urbana la producción de leche, fruta y hortalizas.

En la Ciudad de México, proliferan los asentamientos informales en tierras reservadas para la agricultura, y la sobreexplotación de los acuíferos por los usuarios domésticos e industriales ha provocado un grave deterioro en el suministro y la calidad del agua. Los pequeños agricultores tienen un acceso limitado a los mercados de la ciudad, carecen de las tecnologías necesarias para agregar valor a sus productos y están expuestos a riesgos para la salud por el uso excesivo de productos agroquímicos.

En Lima, la intensa competencia por el agua obliga a la mayoría de los agricultores a regar con aguas residuales muy contaminadas. La expansión urbana ha apartado de la producción las mejores tierras agrícolas de la provincia de Lima y está desplazando la agricultura hacia zonas más distantes y menos fértiles, lo que dará lugar a canales de distribución más largos, precios más elevados de los alimentos y escasez de algunos productos.

La Convención en Diversidad Biológica (2000) resaltó la importancia de los polinizadores y el establecimiento de la iniciativa internacional para la conservación y el uso sostenible de los polinizadores. Dentro de este contexto, la FAO estableció el plan de Acción Global en Servicios de Polinización para una Agricultura Sostenible como guía para los países miembros, la cual a la vez provee una lista de herramientas necesarias para el uso y conservación de los servicios de polinización, y ayuda en la formulación de políticas que aseguran la sostenibilidad de estos servicios para los ecosistemas.

El Plan de Acción de la FAO comprende:
- Manejo de la información en servicios de polinización que tiene como objetivo el diseño de un sistema de manejo de la información en polinización (PIMS en inglés). - Formación y capacitación de expertos de diferentes grupos de polinizadores y desarrollo de guías de identificación taxonómica para el uso y conservación de los polinizadores, que involucre claves taxonómicas y código de barras de la vida (usando ADN), - Cambio climático y servicios de polinización. Resalta el efecto que el cambio climático puede tener en la fenología de los cultivos y etiología de los polinizadores, la necesidad de asegurar suficientes polinizadores en los picos de floración de ciertos cultivos, la importancia de implementar recursos a largo plazo para los polinizadores y proveer conectividad a hábitats naturales cerca de los cultivos, y en general acciones que promuevan la presencia de polinizadores (p.e. recursos de flores diferentes a las de los cultivos dentro del sistema productivo, franjas de cultivos y bordes con vegetación arvense).

- Diversidad y abundancia de polinizadores en cultivos. Resalta la importancia de áreas cultivadas sobre la diversidad y abundancia de polinizadores, además de prácticas de manejo que promueven su presencia, tales como dejar los lotes en descanso y con cobertura vegetal después de la cosecha. En general resalta la importancia de la agricultura de baja intensidad y de sistemas de cultivo que proveen recursos para especies de polinizadores (p.e. abejas en cultivos de Kenia y New Jersey, EUA).

- Mejores prácticas de manejo de los servicios de polinización a nivel global y prácticas de manejo en diferentes escalas que involucren desde la granja con sus cultivos y sus bordes, hasta el manejo de todo el paisaje agrícola de una región.

De la misma manera, la convención en biodiversidad avaló por primera vez la “Iniciativa Internacional para los Polinizadores” (IPI en inglés) de la FAO, que fue desarrollada en el proyecto “Rapid assessment of pollinators’ status: a contribution to the International Initiative for the Conservation and Sustainable Use of Pollinators”, el documento describe de modo general el estado de los polinizadores, basado en estudios de caso y otras referencias técnicas como las que se indican a continuación, en los que se desarrollan temas como monitoreo del estado y de las tendencias de los polinizadores, valoración económica de los servicios de polinización, impedimento taxonómico para la conservación de los polinizadores, estado del conocimiento ecológico de los servicios de polinización, conocimiento indígena sobre polinización, promoción de prácticas amigables con los polinizadores, desarrollo de capacidades en la conservación y el manejo de los servicios de polinización e implementación de la conservación y el manejo de los servicios de polinización, en base a cuatro aspectos:
• Valoración
• Manejo adaptativo
• Capacidad de construcción
• Incorporación.
Así mismo, la FAO y la UNEP, mediante el proyecto “Global Pollination Project on Conservation Management of Pollinators for Sustainable Agriculture, through an Ecosystem Approach” (2009-2013), han enfocado sus esfuerzos en identificar las prácticas y capacidades necesarias para el manejo de los polinizadores, en miras de mejorar la seguridad alimentaria, nutrición y condiciones de vida de las personas, a través de una mejor conservación y uso sostenible de los polinizadores. A corto plazo, el proyecto busca aprovechar los beneficios de la polinización, a través de la biodiversidad y agricultura sostenible usando un enfoque ecosistémico; es decir, buscando lograr un desarrollo integral de todos los componentes relacionados con la producción agrícola: ambiental, económico y humano.

Por su parte, el API (African Pollinator Initiative), describe el manejo adaptativos de las plantas en los cultivos, la construcción de capacidades en el área de la polinización y su relevancia en la creación de políticas y regulaciones. Además de discutir los aspectos económicos y agrícolas de los polinizadores al igual que su papel ecológico como especies clave. De esta forma, el trabajo se constituye en una herramienta para el trabajo conjunto entre conservacionistas, agricultores, horticultores, planificadores, administradores y políticos, para el desarrollo de leyes que resalten la importancia de los polinizadores en la conservación de la biodiversidad y el manejo de los cultivos.

En síntesis, las iniciativas y propuestas lideradas por la FAO, en el transcurso de los años, tienen como eje central la identificación de las acciones necesarias para manejar los ecosistemas y potenciar el rol de los polinizadores en los sistemas productivos.

1.
Ciudades más verdes en América Latina y El Caribe. Un informe de la FAO sobre la agricultura urbana y periurbana en la región;
FAO
Resumen

2.
Construyendo una visión común para la agricultura y alimentación sostenibles;
FAO
Resumen

3.
Desarrollo de cadenas de valor alimentarias sostenibles. Principios rectores;
FAO
Resumen

4.
El cultivo de tomate con buenas prácticas agrícolas en la agricultura urbana y periurbana;
FAO
Resumen

5.
Historias de éxito de la FAO sobre agricultura climáticamente inteligente;
FAO
Resumen

6.
La agricultura urbana y su contribución a la seguridad alimentaria;
FAO
Resumen

7.
Los biopreparados para la producción de hortalizas en la agricultura urbana y periurbana;
FAO
Resumen

8.
Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas: una mirada hacia América Latina y el Caribe;
FAO
Resumen

9.
Políticas agroambientales en América Latina y el Caribe. Análisis de casos de Brasil, Chile, Colombia, México y Nicaragua;
FAO
Resumen

10.
Principios y avances sobre polinización como servicio ambiental para la agricultura sostenible en países de Latinoamérica y El Caribe;
FAO
Resumen

11.
Sistemas Ingeniosos del Patrimonio Agrícola Mundial. Un Legado para el Futuro;
Parviz Koohafkan, Miguel A. Altieri
Resumen

     
 

 

 
     
     

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