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Agricultura
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AGRICULTURA
Tal como se afirmó en la Conferencia de las Naciones Unidas de 1972 sobre el Medio Humano y en la Cumbre para la Tierra de 1992, los seres humanos son el centro del desarrollo sostenible. Sin embargo, aún hoy, más de 900 millones de personas siguen padeciendo hambre. Las poblaciones pobres del mundo, especialmente en las zonas rurales, están entre los más vulnerables ante las situaciones de crisis alimentaria, climática, financiera, económica, social y energética, y ante las amenazas a las que el mundo hoy se enfrenta.
No podemos llamar sostenible al desarrollo mientras persista esta situación, mientras que casi uno de cada siete hombres, mujeres y niños se queda atrás, víctima de la subnutrición.
La búsqueda de la seguridad alimentaria puede ser el hilo común que una los distintos desafíos que enfrentamos y contribuye a construir un futuro sostenible. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río + 20) tenemos la oportunidad de oro para explorar la convergencia entre los programas de la seguridad alimentaria y la sostenibilidad a fin de hacer realidad ese futuro sostenible.
Ambos requieren cambios en busca de modelos más sostenibles de producción y consumo. Para alimentar a una población en crecimiento que se espera supere la cifra de 9 000 millones en 2050, la FAO prevé la necesidad de aumentar la producción agrícola en un 60% como mínimo en los próximos decenios. A tal fin, debemos conservar y crecer: aumentar la producción agrícola al mismo tiempo que preservamos el medio ambiente.
Pero incluso en ese caso, la presión sobre nuestros recursos naturales será extrema. Por tanto, debemos también cambiar la manera en que comemos y hallar la forma de alimentar al mundo sin necesidad de producir tanto. Esto puede hacerse pasando a dietas más saludables en los sectores más ricos de la población y reduciendo la pérdida y el derroche de alimentos que existen en los países industrializados y en los países en desarrollo, que nos hacen desechar 1 300 millones de toneladas de alimentos cada año, entre la producción y el consumo.
Sin embargo, incluso si realmente incrementamos la producción agrícola en un 60%, el mundo todavía tendrá 300 millones de hambrientos en 2050 porque, al igual que los cientos de millones de hoy en día, seguirían careciendo de los medios para acceder a los alimentos que necesitan. Para ellos, la seguridad alimentaria no es un problema de insuficiencia de la producción; se trata de un problema de acceso inadecuado. La única forma de garantizar su seguridad alimentaria es creando empleos dignos, pagando mejores salarios, dando acceso a activos productivos y distribuyendo los ingresos de una manera más equitativa.
Tenemos que traer a estas personas a la sociedad, complementando el apoyo a los pequeños agricultores y oportunidades de generación de ingresos con el refuerzo de las redes de protección, programas de dinero por trabajo y de transferencias de dinero que contribuyen al fortalecimiento de los circuitos de producción local y consumo, en un esfuerzo que debe contribuir a nuestros objetivos de desarrollo sostenible.
La transición hacia un futuro sostenible también exige cambios fundamentales en la gobernanza de la alimentación y la agricultura y un reparto equitativo de los costos y los beneficios de la transición. En el pasado, los más pobres han pagado una parte mayor de los costos de transición y han recibido una menor proporción de los beneficios. Este es un desequilibrio inaceptable y que debe cambiar. La velocidad del cambio también debería preocuparnos, de tal manera que la población vulnerable pueda adaptarse y ser parte de los cambios, en lugar de ampliar las diferencias que existen en la actualidad.

La mejora de los sistemas agrícolas y alimentarios es fundamental para que aumente en todo el mundo la salud de la población y los ecosistemas. No se puede llevar una vida sana y productiva a no ser que “todas las personas tengan en todo momento acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 1996).
Los ecosistemas sanos deben ser resistentes y productivos y facilitar los bienes y servicios necesarios para atender las necesidades y deseos actuales de la sociedad sin poner en peligro las posibilidades de las generaciones futuras de beneficiarse del abanico completo de bienes y servicios derivados de los ecosistemas terrestres, acuáticos y marinos.
Existen vínculos muy estrechos entre las condiciones para alcanzar a escala universal la seguridad alimentaria y nutricional, la administración responsable de los recursos medioambientales y una gestión alimentaria más justa.
Todos ello converge en los sistemas agrícolas y alimentarios a nivel mundial, nacional y local. Para poner de relieve estos vínculos, la FAO desea transmitir a la Cumbre Río+20 tres mensajes principales:
• La visión de Río de un desarrollo sostenible no podrá hacerse realidad a menos que se erradiquen el hambre y la malnutrición.
• La visión de Río exige que tanto el consumo de alimentos como los sistemas de producción consigan más con menos.
• La transición a un futuro sostenible exige cambios fundamentales en la gobernanza de la alimentación y la agricultura, así como una distribución equitativa de los costos de la transición y sus beneficios.

La FAO está convencida de que la visión de Río seguirá sin cumplirse mientras perduren el hambre y la malnutrición.
La gestión sostenible de los sistemas agrícolas y alimentarios es clave para un futuro sostenible. Se necesitan políticas acertadas con el objeto de crear los incentivos y capacidades necesarios para un consumo y una producción sostenibles y ofrecer a los consumidores y los productores opciones sostenibles.
Los gobiernos nacionales y otras partes interesadas tienen que:
1. Establecer y proteger los derechos sobre los recursos, especialmente para los más vulnerables;
2. Incorporar en los sistemas alimentarios incentivos al consumo y producción sostenibles;
3. Promover mercados agrícolas y alimentarios justos que funcionen adecuadamente;
4. Reducir el riesgo y aumentar la capacidad de resistencia de los más vulnerables; e
5. Invertir recursos públicos en bienes públicos esenciales, incluidas la innovación y la infraestructura.

Utilizar las Directrices Voluntarias en apoyo de la Realización Progresiva del Derecho a una Alimentación Adecuada en el Contexto de la Seguridad Alimentaria Nacional y las Directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria nacional como marcos generales para el logro de la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible equitativo.
Apoyar los esfuerzos de todas las partes interesadas que se ocupan de la alimentación y la agricultura, especialmente en los países en desarrollo y menos adelantados, para aplicar enfoques técnicos y normativos de desarrollo agrícola que incorporen objetivos ambientales y de seguridad alimentaria.
Garantizar una distribución equitativa de los costos y beneficios derivados de la transición al consumo y la producción agrícolas sostenibles, así como la protección de los medios de vida de las personas y su acceso a los recursos.
Adoptar enfoques integrados para gestionar múltiples objetivos y vincular las fuentes de financiación para lograr una agricultura y sistemas alimentarios sostenibles.
Emprender reformas de la gobernanza basadas en los principios de transparencia, participación y rendición de cuentas para garantizar la aplicación de las políticas y el cumplimiento de los compromisos. El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial puede servir de modelo para estas reformas.

En el primer principio de la Declaración de Río de 1992 (Naciones Unidas, 1992) se afirma lo siguiente:
Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible.
Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.
Desde entonces se ha hecho mucho por acercar al mundo a un futuro común y sostenible, pero, 20 años después, aún tenemos que hacer valer este principio fundamental; demasiadas personas del planeta aún no llevan una vida saludable y productiva, mientras que el mundo crece de formas que no siempre están en armonía con la naturaleza. ¿En qué no hemos estado a la altura de las circunstancias?
La vida saludable y productiva depende de la seguridad alimentaria, que se logra cuando “todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 1996). Son muy estrechos los vínculos entre las condiciones necesarias para alcanzar la seguridad alimentaria y la nutrición universales, la administración responsable del medio ambiente y una gestión alimentaria más justa.
Todo ello converge en los sistemas agrícolas y alimentarios a nivel mundial, nacional y local. Uno de los mayores defectos de los actuales sistemas alimentarios es que, pese a los progresos significativos en el desarrollo y la producción de alimentos, cientos de millones de personas pasan hambre al carecer de medios para producir o comprar los alimentos que necesitan para llevar una vida saludable y productiva. Los sistemas alimentarios deben gestionarse con el fin de alcanzar la seguridad alimentaria universal.
Un segundo defecto de los actuales sistemas alimentarios es que su impacto ambiental es alto. Los costos y beneficios de un sistema sostenible no se reflejan adecuadamente en las decisiones adoptadas por todos los participantes en estos sistemas: los millones de personas que gestionan ecosistemas para producir alimentos y otros bienes y servicios agrícolas, los 7 000 millones de consumidores de todo el mundo y las instituciones públicas y privadas que influyen en estas decisiones. Los sistemas alimentarios deben gestionarse de forma sostenible.

Los sistemas agrícolas incluyen los procesos naturales o gestionados de obtención de productos alimentarios y no alimentarios (como combustible o fibra) a partir de la agricultura, la ganadería, la pesca y la silvicultura.
Los sistemas agrícolas constituyen la fuente de todos los alimentos del mundo y la principal fuente de ingresos de la mayor parte de la población pobre que padece inseguridad alimentaria.
Los sistemas alimentarios coinciden con los sistemas agrícolas en la esfera de la producción alimentaria, pero también comprenden las distintas combinaciones de instituciones, tecnologías y prácticas que determinan la comercialización, la elaboración, el transporte, el acceso y el consumo en relación con los alimentos. Los sistemas alimentarios influyen no solo en qué se consume y cómo se produce y se compra, sino también en quién puede comer y la medida en que sus alimentos son nutritivos.

La mejora de los sistemas agrícolas y alimentarios es esencial para que aumente en todo el mundo la salud de la población y los ecosistemas. Dos de los principales elementos de la respuesta necesaria no son nuevos, si bien seguimos avanzando cada vez más en su comprensión: que la erradicación del hambre es esencial para el desarrollo sostenible y que para eliminar el hambre y proteger los ecosistemas son fundamentales sistemas de consumo y producción sostenibles. No hemos estado a la altura en relación con un tercer elemento: las dificultades relativas a la gobernanza que deben abordarse para alcanzar estas metas. Sabemos claramente lo que hay que hacer, pero todavía carecemos de un sistema de gobernanza que garantice la aplicación, el seguimiento y la evaluación de lo sabido y acordado.

Para conseguir el futuro que queremos (un mundo sin hambre y con desarrollo sostenible), la FAO trata de fomentar el consenso en torno a los cambios necesarios a nivel mundial, regional y nacional para erradicar el hambre, apoyar la transición a sistemas sostenibles de consumo y producción de alimentos y garantizar una gestión alimentaria más justa. Pide que este consenso se traduzca en un compromiso de acción profundo y sostenible y exhorta a todas las partes interesadas representadas en Río a que adopten con urgencia la nueva determinación necesaria para actuar juntos en un espíritu genuino de cooperación y alianza con el fin de aplicar las medidas necesarias y asumir la responsabilidad a efectos de la consecución del primer principio de Río de 1992.


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FORESTAL
En materia de silvicultura, los ingenieros forestales tienden a adoptar una visión de largo plazo, porque los árboles tardan tanto en crecer. Esto explica quizá por qué ellos han abierto el camino a la elaboración del moderno concepto de sostenibilidad.
Se sigue debatiendo sobre dónde y cuándo surgió este concepto y a quién se ha de atribuir su ideación, pero en este número de Unasylva F. Schmithüsen propone a Hans Carl von Carlowitz como figura impulsora de la sostenibilidad. Trescientos años atrás, que se cumplen en 2013, von Carlowitz, un administrador de minas alemán, constataba con disgusto que el abastecimiento en madera de las minas de plata que él supervisaba iba menguando, y criticaba el afán de lucro de la explotación forestal excesiva. Publicó un libro, Sylvicultura oeconomica, en el cual acuñó el término alemán que designa la sostenibilidad: Nachhaltigkeit. Von Carlowitz dijo que el principio de Nachhaltigkeit debía aplicarse a la ordenación de los bosques para asegurar el suministro perpetuo de madera, e instó a tomar medidas que hiciesen de los bosques una fuente permanente de recursos económicos. A lo largo de las siguientes décadas y siglos el principio de Nachhaltigkeit se difundió a través de Europa central hacia la India, los Estados Unidos de América y otros lugares. Este fue posiblemente el inicio de la actual noción de ordenación forestal sostenible.
Según el artículo de C. Küchli, la silvicultura en Suiza ha estado fuertemente influenciada por los enfoques alemanes, pero a finales del siglo XIX divergió hacia lo que se ha dado en llamar silvicultura natural. Esta orientación abandonaba la anterior tendencia a la simplificación de los rodales en beneficio del desarrollo de rodales mixtos de regeneración natural, compuestos principalmente de especies locales. Küchli sostiene que la ordenación natural del bosque podría constituir la estrategia más eficaz ante el cambio climático.
J. Ball y W. Kollert informan acerca del escasamente estudiado Centro Internacional de Silvicultura, primera organización forestal internacional integrada por países miembros, fundada en Berlín (Alemania) en 1938. El Centro tuvo una corta existencia, pero consiguió acumular una biblioteca de más de 15 000 libros, entre los cuales había ediciones raras que datan del siglo XVII. No todos los volúmenes de la colección sobrevivieron a la Segunda guerra mundial, pero los que se preservaron —más de 10 000— fueron transferidos, en 1948, a la recién creada Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, donde aún están hoy en día.
Cambiando de registro, A. Sarre y C. Sabogal se preguntan si la ordenación forestal sostenible es un sueño imposible. Utilizando la certificación como procedimiento sustitutivo de la ordenación, los autores indican que, en 2012, cerca del 20 por ciento de los bosques designados como bosques de producción o de usos múltiples se ordenaban con arreglo a las normas de sostenibilidad y eran en su mayoría bosques templados. Los autores describen algunos de los obstáculos con que tropieza la ordenación forestal sostenible en los trópicos, y responden a su propia pregunta afirmando que esta ordenación no es una fantasía sino una búsqueda esencial.
En su artículo, S. Appanah examina los modelos de silvicultura que se usan en las pluviselvas de Asia sudoriental, y llega a la conclusión de que ninguno de ellos ha conseguido demostrar plenamente las virtudes de la sostenibilidad, porque, al menos en parte, la sobreexplotación ha limitado la aplicabilidad de tales modelos. Desde una perspectiva técnica, dice Appanah, no hay motivos para que, si con prácticas silvícolas y de cosecha mejoradas, la ordenación forestal sostenible no pueda ser realizada en las pluviselvas tropicales, pero la verdadera lucha consiste en convencer a los titulares de las tierras y de los derechos de uso de las tierras de que la ordenación sostenible obra en su propio interés.
F. Tongkul y coautores examinan los esfuerzos para intensificar la participación de la comunidad y el uso del conocimiento tradicional en la implantación de la ordenación forestal en el estado malasio de Sabah. El Departamento Forestal de Sabah se ha mostrado dispuesto a favorecer la intervención de las comunidades locales para abordar los antiguos problemas que se plantean en las reservas forestales, pero la cuestión fundamental de la propiedad de los recursos debe aún ser solventada. Los autores afirman que esto es determinante para la supervivencia de las comunidades indígenas, que piden garantías formales acerca de la propiedad de las tierras sobre las cuales ellas poseen derechos consuetudinarios. J.R. Matta y coautores profundizan en este tema. Reconocen la larga historia de la ordenación forestal sostenible en las comunidades tradicionales de la India, e informan de investigaciones sociales que muestran cómo cooperan dichas comunidades para conservar y ordenar sosteniblemente sus recursos comunes. Aunque ha habido tentativas en la India de involucrar a las comunidades en la ordenación forestal sostenible, estas se han quedado atrás respecto al ideal. La restauración de los sistemas de ordenación tradicionales requiere, dicen los autores, que el poder, los recursos y las responsabilidades se transfieran de las autoridades centrales a las instancias inferiores de la gobernanza.
Un breve artículo por Aggarwal y coautores estudia las actividades de los fabricantes tradicionales de juguetes de madera, que desempeñan un papel cultural importante en la India. El recurso del que depende este oficio ha disminuido debido al sobreuso, y los autores sugieren algunas medidas que podrían tomarse para asegurar la continuidad de esta ocupación artesanal.

El enfoque científico de las actividades forestales ha evolucionado pasando del concepto de producción maderera sostenible al de ordenación forestal multifuncional.

La ordenación forestal estrechamente relacionada con la naturaleza se practica en Suiza desde hace más de 100 años y podría ser esencial para atenuar los riesgos en el contexto del cambio climático.

La silvicultura en bosques naturales podría funcionar en el Asia meridional y sudoriental pero solo si disminuyen las presiones que impulsan la sobreexplotación y la deforestación.

El conocimiento forestal poseído por las comunidades indígenas juega un papel decisivo en la ordenación de los bosques.
Las instituciones forestales tradicionales trabajan, pero su recuperación requiere una reforma fundamental mediante la descentralización.

El patrimonio forestal mundial será mucho mayor en 2313, y los encargados de la gestión forestal llegarán a ser personas muy importantes.

1.
300 años de actividades forestales sostenibles;
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2.
Capacidades de pasta y papel: estudio 2013-2018;
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3.
Cambio de uso de las tierras forestales mundiales 1990–2005;
FAO
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4.
El estado de los bosques del mundo 2012;
FAO
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5.
Empresas comunitarias de productos arbóreos y forestales: Análisis y Desarrollo de Mercados. Manual;
FAO
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6.
Estrategias y mecanismos políticos e institucionales que a nivel nacional, promueven la concertación y las interrelaciones entre el sector forestal y otros sectores del desarrollo nacional;
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7.
Evaluación de la aplicabilidad de especies forestales de la serranía peruana en fitorremediación de relaves mineros;
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8.
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9.
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10.
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11.
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12.
Los bosques y los árboles fuera del bosque son esenciales para la seguridad alimentaria mundial y la nutrición;
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13.
Marco para la evaluación y seguimiento de la gobernanza forestal;
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14.
Medir la degradación del bosque;
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15.
Método de los promedios anuales en el monitoreo de los cambios de cobertura por deforestación usando el sensor MODIS;
Yonatan Tarazona Coronel
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16.
Productos forestales 2007-2011;
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17.
Promoviendo la agroforestería en la agenda política Una guía para tomadores de decisiones;
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