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Agricultura
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AGRICULTURA
Tal como se afirmó en la Conferencia de las Naciones Unidas de 1972 sobre el Medio Humano y en la Cumbre para la Tierra de 1992, los seres humanos son el centro del desarrollo sostenible. Sin embargo, aún hoy, más de 900 millones de personas siguen padeciendo hambre. Las poblaciones pobres del mundo, especialmente en las zonas rurales, están entre los más vulnerables ante las situaciones de crisis alimentaria, climática, financiera, económica, social y energética, y ante las amenazas a las que el mundo hoy se enfrenta.
No podemos llamar sostenible al desarrollo mientras persista esta situación, mientras que casi uno de cada siete hombres, mujeres y niños se queda atrás, víctima de la subnutrición.
La búsqueda de la seguridad alimentaria puede ser el hilo común que una los distintos desafíos que enfrentamos y contribuye a construir un futuro sostenible. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río + 20) tenemos la oportunidad de oro para explorar la convergencia entre los programas de la seguridad alimentaria y la sostenibilidad a fin de hacer realidad ese futuro sostenible.
Ambos requieren cambios en busca de modelos más sostenibles de producción y consumo. Para alimentar a una población en crecimiento que se espera supere la cifra de 9 000 millones en 2050, la FAO prevé la necesidad de aumentar la producción agrícola en un 60% como mínimo en los próximos decenios. A tal fin, debemos conservar y crecer: aumentar la producción agrícola al mismo tiempo que preservamos el medio ambiente.
Pero incluso en ese caso, la presión sobre nuestros recursos naturales será extrema. Por tanto, debemos también cambiar la manera en que comemos y hallar la forma de alimentar al mundo sin necesidad de producir tanto. Esto puede hacerse pasando a dietas más saludables en los sectores más ricos de la población y reduciendo la pérdida y el derroche de alimentos que existen en los países industrializados y en los países en desarrollo, que nos hacen desechar 1 300 millones de toneladas de alimentos cada año, entre la producción y el consumo.
Sin embargo, incluso si realmente incrementamos la producción agrícola en un 60%, el mundo todavía tendrá 300 millones de hambrientos en 2050 porque, al igual que los cientos de millones de hoy en día, seguirían careciendo de los medios para acceder a los alimentos que necesitan. Para ellos, la seguridad alimentaria no es un problema de insuficiencia de la producción; se trata de un problema de acceso inadecuado. La única forma de garantizar su seguridad alimentaria es creando empleos dignos, pagando mejores salarios, dando acceso a activos productivos y distribuyendo los ingresos de una manera más equitativa.
Tenemos que traer a estas personas a la sociedad, complementando el apoyo a los pequeños agricultores y oportunidades de generación de ingresos con el refuerzo de las redes de protección, programas de dinero por trabajo y de transferencias de dinero que contribuyen al fortalecimiento de los circuitos de producción local y consumo, en un esfuerzo que debe contribuir a nuestros objetivos de desarrollo sostenible.
La transición hacia un futuro sostenible también exige cambios fundamentales en la gobernanza de la alimentación y la agricultura y un reparto equitativo de los costos y los beneficios de la transición. En el pasado, los más pobres han pagado una parte mayor de los costos de transición y han recibido una menor proporción de los beneficios. Este es un desequilibrio inaceptable y que debe cambiar. La velocidad del cambio también debería preocuparnos, de tal manera que la población vulnerable pueda adaptarse y ser parte de los cambios, en lugar de ampliar las diferencias que existen en la actualidad.

La mejora de los sistemas agrícolas y alimentarios es fundamental para que aumente en todo el mundo la salud de la población y los ecosistemas. No se puede llevar una vida sana y productiva a no ser que “todas las personas tengan en todo momento acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 1996).
Los ecosistemas sanos deben ser resistentes y productivos y facilitar los bienes y servicios necesarios para atender las necesidades y deseos actuales de la sociedad sin poner en peligro las posibilidades de las generaciones futuras de beneficiarse del abanico completo de bienes y servicios derivados de los ecosistemas terrestres, acuáticos y marinos.
Existen vínculos muy estrechos entre las condiciones para alcanzar a escala universal la seguridad alimentaria y nutricional, la administración responsable de los recursos medioambientales y una gestión alimentaria más justa.
Todos ello converge en los sistemas agrícolas y alimentarios a nivel mundial, nacional y local. Para poner de relieve estos vínculos, la FAO desea transmitir a la Cumbre Río+20 tres mensajes principales:
• La visión de Río de un desarrollo sostenible no podrá hacerse realidad a menos que se erradiquen el hambre y la malnutrición.
• La visión de Río exige que tanto el consumo de alimentos como los sistemas de producción consigan más con menos.
• La transición a un futuro sostenible exige cambios fundamentales en la gobernanza de la alimentación y la agricultura, así como una distribución equitativa de los costos de la transición y sus beneficios.

La FAO está convencida de que la visión de Río seguirá sin cumplirse mientras perduren el hambre y la malnutrición.
La gestión sostenible de los sistemas agrícolas y alimentarios es clave para un futuro sostenible. Se necesitan políticas acertadas con el objeto de crear los incentivos y capacidades necesarios para un consumo y una producción sostenibles y ofrecer a los consumidores y los productores opciones sostenibles.
Los gobiernos nacionales y otras partes interesadas tienen que:
1. Establecer y proteger los derechos sobre los recursos, especialmente para los más vulnerables;
2. Incorporar en los sistemas alimentarios incentivos al consumo y producción sostenibles;
3. Promover mercados agrícolas y alimentarios justos que funcionen adecuadamente;
4. Reducir el riesgo y aumentar la capacidad de resistencia de los más vulnerables; e
5. Invertir recursos públicos en bienes públicos esenciales, incluidas la innovación y la infraestructura.

Utilizar las Directrices Voluntarias en apoyo de la Realización Progresiva del Derecho a una Alimentación Adecuada en el Contexto de la Seguridad Alimentaria Nacional y las Directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria nacional como marcos generales para el logro de la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible equitativo.
Apoyar los esfuerzos de todas las partes interesadas que se ocupan de la alimentación y la agricultura, especialmente en los países en desarrollo y menos adelantados, para aplicar enfoques técnicos y normativos de desarrollo agrícola que incorporen objetivos ambientales y de seguridad alimentaria.
Garantizar una distribución equitativa de los costos y beneficios derivados de la transición al consumo y la producción agrícolas sostenibles, así como la protección de los medios de vida de las personas y su acceso a los recursos.
Adoptar enfoques integrados para gestionar múltiples objetivos y vincular las fuentes de financiación para lograr una agricultura y sistemas alimentarios sostenibles.
Emprender reformas de la gobernanza basadas en los principios de transparencia, participación y rendición de cuentas para garantizar la aplicación de las políticas y el cumplimiento de los compromisos. El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial puede servir de modelo para estas reformas.

En el primer principio de la Declaración de Río de 1992 (Naciones Unidas, 1992) se afirma lo siguiente:
Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible.
Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.
Desde entonces se ha hecho mucho por acercar al mundo a un futuro común y sostenible, pero, 20 años después, aún tenemos que hacer valer este principio fundamental; demasiadas personas del planeta aún no llevan una vida saludable y productiva, mientras que el mundo crece de formas que no siempre están en armonía con la naturaleza. ¿En qué no hemos estado a la altura de las circunstancias?
La vida saludable y productiva depende de la seguridad alimentaria, que se logra cuando “todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana” (FAO, 1996). Son muy estrechos los vínculos entre las condiciones necesarias para alcanzar la seguridad alimentaria y la nutrición universales, la administración responsable del medio ambiente y una gestión alimentaria más justa.
Todo ello converge en los sistemas agrícolas y alimentarios a nivel mundial, nacional y local. Uno de los mayores defectos de los actuales sistemas alimentarios es que, pese a los progresos significativos en el desarrollo y la producción de alimentos, cientos de millones de personas pasan hambre al carecer de medios para producir o comprar los alimentos que necesitan para llevar una vida saludable y productiva. Los sistemas alimentarios deben gestionarse con el fin de alcanzar la seguridad alimentaria universal.
Un segundo defecto de los actuales sistemas alimentarios es que su impacto ambiental es alto. Los costos y beneficios de un sistema sostenible no se reflejan adecuadamente en las decisiones adoptadas por todos los participantes en estos sistemas: los millones de personas que gestionan ecosistemas para producir alimentos y otros bienes y servicios agrícolas, los 7 000 millones de consumidores de todo el mundo y las instituciones públicas y privadas que influyen en estas decisiones. Los sistemas alimentarios deben gestionarse de forma sostenible.

Los sistemas agrícolas incluyen los procesos naturales o gestionados de obtención de productos alimentarios y no alimentarios (como combustible o fibra) a partir de la agricultura, la ganadería, la pesca y la silvicultura.
Los sistemas agrícolas constituyen la fuente de todos los alimentos del mundo y la principal fuente de ingresos de la mayor parte de la población pobre que padece inseguridad alimentaria.
Los sistemas alimentarios coinciden con los sistemas agrícolas en la esfera de la producción alimentaria, pero también comprenden las distintas combinaciones de instituciones, tecnologías y prácticas que determinan la comercialización, la elaboración, el transporte, el acceso y el consumo en relación con los alimentos. Los sistemas alimentarios influyen no solo en qué se consume y cómo se produce y se compra, sino también en quién puede comer y la medida en que sus alimentos son nutritivos.

La mejora de los sistemas agrícolas y alimentarios es esencial para que aumente en todo el mundo la salud de la población y los ecosistemas. Dos de los principales elementos de la respuesta necesaria no son nuevos, si bien seguimos avanzando cada vez más en su comprensión: que la erradicación del hambre es esencial para el desarrollo sostenible y que para eliminar el hambre y proteger los ecosistemas son fundamentales sistemas de consumo y producción sostenibles. No hemos estado a la altura en relación con un tercer elemento: las dificultades relativas a la gobernanza que deben abordarse para alcanzar estas metas. Sabemos claramente lo que hay que hacer, pero todavía carecemos de un sistema de gobernanza que garantice la aplicación, el seguimiento y la evaluación de lo sabido y acordado.

Para conseguir el futuro que queremos (un mundo sin hambre y con desarrollo sostenible), la FAO trata de fomentar el consenso en torno a los cambios necesarios a nivel mundial, regional y nacional para erradicar el hambre, apoyar la transición a sistemas sostenibles de consumo y producción de alimentos y garantizar una gestión alimentaria más justa. Pide que este consenso se traduzca en un compromiso de acción profundo y sostenible y exhorta a todas las partes interesadas representadas en Río a que adopten con urgencia la nueva determinación necesaria para actuar juntos en un espíritu genuino de cooperación y alianza con el fin de aplicar las medidas necesarias y asumir la responsabilidad a efectos de la consecución del primer principio de Río de 1992.


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CONCENTRACIÓN Y EXTRANJERIZACIÓN
El tema de la tierra y de los recursos naturales en general ocupa un lugar fundamental en la agenda de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, debido al rol clave que juega en la producción de alimentos y la seguridad alimentaria de millones de personas.
La FAO abordó este tema como una preocupación prioritaria en décadas pasadas, desde el punto de vista de los ajustes que era necesario plantear en la propiedad de la tierra, sobre todo en los latifundios tradicionales, como una condición para lograr la modernización de la estructura agraria.
En la actualidad, el tema de la tenencia y del mercado de la tierra se relaciona con fuertes dinámicas, entre las cuales destacan los acelerados procesos de modernización tecnológica y sus impactos sobre la estructura productiva rural. Hoy surgen preocupaciones urgentes vinculadas a diferentes desafíos que tienen que ver con el cambio climático, la crisis energética, la seguridad alimentaria y los problemas ligados al ámbito financiero.
El presente volumen es la continuación del libro “Dinámicas del mercado de la tierra en América Latina y el Caribe: concentración y extranjerización”, publicado por la Oficina Regional de la FAO en junio de 2012.
Dicho libro incluyó estudios nacionales sobre la dinámica de concentración de tierras durante el último quinquenio, en diecisiete países de la América Latina y el Caribe, encargados por la FAO.
El libro actual analiza las principales tendencias del dinamismo del mercado de la tierra y los procesos de concentración y extranjerización de tierras, las cuales fueron detectadas por los estudios anteriores.
El libro comienza por situar a América Latina y el Caribe en el contexto global del fenómeno del acaparamiento de tierras. Luego entrega reflexiones específicas sobre México y Centroamérica, la subregión Andina y el Mercosur. Finalmente, presenta algunas reflexiones sobre cuestiones pendientes a tratar con respecto al acaparamiento de tierras.
A través del volumen actual, la FAO continúa entregando insumos para una discusión informada sobre un tema fundamental para el desarrollo de los países de la región, que servirán para definir políticas públicas sobre la tenencia de la tierra.
En particular, puede ser un aporte para la implementación de las “Directrices Voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria nacional” aprobadas en mayo de 2012 por el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial y la FAO, cuyos objetivos fundamentales son lograr la seguridad alimentaria para todos y apoyar la progresiva realización del derecho a una alimentación adecuada y la erradicación del hambre y la pobreza, fin último del actuar de la FAO en la región.

Este volumen continúa la discusión surgida de los antecedentes recogidos en la investigación presentada en el libro “Dinámicas del mercado de la tierra en América Latina y el Caribe: concentración y extranjerización”, publicado por la Oficina Regional de la FAO en junio de 2012.
Tanto dicha publicación como la actual son una muestra de la prioridad que la FAO da en su actuar al análisis de la dinámica de tierras como un fenómeno fundamental en los debates de política pública relacionados con la revisión de los patrones productivos y la reducción de la pobreza rural y el mejoramiento de la seguridad alimentaria. El libro Dinámicas del Mercado de la Tierra en América Latina y el Caribe estuvo compuesto por conjunto de estudios nacionales sobre la concentración de tierras, durante el último quinquenio, en diecisiete países de la región: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Guyana, México, Nicaragua, República Dominicana, Paraguay, Panamá, Perú, Uruguay y Trinidad y Tobago.
Cada una de dichas monografías fueron encargadas a especialistas con una reconocida experiencia y reflejan la opinión que ellos tienen sobre las materias que tratan.
Los estudios dieron cuenta de un importante proceso de concentración y de extranjerización de la tierra en toda la región, a través de las más diversas formas y procedimientos, muchos de ellos nunca antes vistos. Si bien la presencia de acaparamiento de tierras, en su sentido estricto, es incipiente y está restringida a dos países de la región (Argentina y Brasil), fenómenos como los flujos de inversiones entre los diferentes países de la región, a veces acompañados de migraciones de los nuevos propietarios, y los procesos de concentración de las cadenas de valor (con o sin la propiedad de la tierra) son algunas de las tendencias que se pueden notar en la región.
El acaparamiento de tierras ha sido entendido tradicionalmente como el fenómeno de compras de tierras donde participa un gobierno extranjero y cuya producción sea destinada a la alimentación, y según esa definición solo se pueden comprobar ese tipo de procesos en Brasil y Argentina. Sin embargo, los procesos de concentración y de extranjerización son más amplios y variados, y adoptan diversas formas en los países de la región, y no están limitados a uno o dos países.
Por el contrario, se pudo constatar un fuerte dinamismo en la tenencia de la tierra en la mayoría de los países, con intensos procesos de concentración y globalización. Éstos son sólo un reflejo de los mismos fenómenos que ocurren en las cadenas de valor, ya que la tierra es parte de dichas cadenas, así como en otros rubros como energía, productos forestales, turismo, etc.
Es necesario recordar que el origen del interés en el tema del acaparamiento de tierras nace de las primeras grandes compras de tierras que se realizaron en Asia y África a finales de la década pasada. En consecuencia, los esfuerzos conceptuales corresponden a tratar de entender y explicar lo que allí ocurría, vale decir la compra de grandes extensiones de tierras, donde el comprador es un gobierno extranjero o una empresa vinculada a él, y lo que se busca es que el destino de las tierras fuera finalmente la producción de alimentos.
A este cuadro se deben agregar a mecanismos de negociación no del todo transparentes y una institucionalidad pública relativamente débil por parte de los países donde se vendían las tierras.
Por esa razón, cuando comenzó el estudio en América Latina y el Caribe se hizo la distinción entre este tipo de situaciones y el de la concentración de la tierra en una perspectiva más amplia.
A la primera situación la denominamos “acaparamiento de tierra en sentido estricto”, mientras que el segundo fenómenos fue entendido como “concentración y extranjerización de la tierra.”
El conjunto de antecedentes recogidos muestra una situación completamente diferente a la que se observaba en los últimos estudios llevados a cabo por la FAO en las décadas de 1960 y 1970, años desde los cuales el tema no había sido nuevamente abordado por la Organización.
Para la elaboración de los presentes trabajos, se identificó a un grupo de expertos de reconocido renombre. A unos se les solicitó un comentario global sobre el conjunto de los trabajos y a otros se les encomendó que dieran cuenta de ciertas especificidades subregionales.
El trabajo global fue encargado a Jun Saturnino Borras, un reconocido experto internacional en el tema. Borras es profesor adjunto del Instituto Internacional de Asuntos Sociales (ISS) en La Haya, Países Bajos, y miembro del Instituto Transnacional (TNI) con sede en Amsterdam y de Food First, en California. Es coordinador adjunto de la red internacional Land Deal Politics Initiative (LDPI), que analiza la dinámica del acaparamiento de tierras a nivel global. Asimismo, es editor de la revista Journal of Peasant Studies. El profesor Borras incorporó a su equipo de trabajo a otros tres académicos de renombre. La primera es Jennifer C. Franco, investigadora asociada en el Transnational Institute (TNI). Tanto Borras como Franco son profesores adjuntos en la Facultad de Humanidades y Estudios sobre Desarrollo de la Universidad Agrícola de China en Beijing. El segundo es Max Spoor, profesor de estudios sobre desarrollo en el ISS y profesor visitante en el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI) en España y profesor invitado en la Universidad Agrícola de Nanjing en China. Por último, se incorporó el reconocido académico latinoamericano Doctor Cristóbal Kay, quien es profesor emérito en el Instituto Internacional de Asuntos Sociales (ISS) y profesor investigador adjunto en la Facultad de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) en Londres.
Asimismo, es editor de Journal of Agrarian Change. Estos académicos son los autores del ensayo global “El acaparamiento de tierras en América Latina y el Caribe: análisis desde una perspectiva internacional amplia”.
Los tres trabajos regionales correspondieron a (i) Centroamérica, México y el Caribe; (ii) la región andina; y (iii) el Mercosur ampliado.
El primero, sobre Centroamérica, fue solicitado a Eduardo Baumeister, argentino, Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Nijmegen, Holanda, es investigador asociado al Instituto Centroamericano de Estudios Sociales y Desarrollo (INCEDES) en América Central. Trabaja hace décadas sobre temas agrarios y migraciones internacionales en América Central, ocupando cargos de investigador, docente universitario, funcionario público, consultor de organismos internacionales y técnico de proyectos de desarrollo rural.
El segundo, sobre la región andina, lo realizó Fernando Eguren, del Perú, quien es formado en sociología por la Universidad de Lovaina, Bélgica y con estudios de postgrado en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París, y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es presidente del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES), director de la revista Debate Agrario y de La Revista Agraria. Además es miembro del Seminario Permanente de Investigación Agraria (SEPIA).
El tercero, sobre el Mercosur ampliado, fue encargado a Martine Dirven de nacionalidad belga, licenciada en economía aplicada y magister en Planificación para el Desarrollo. Trabajó en Naciones Unidas en diversas posiciones y en distintos países: en el PNUD en Bogotá, en ONUDI en Viena, en DTCD en Nueva York y la CEPAL en Santiago, ocupando la jefatura de la Unidad de Desarrollo Agrícola hasta 2010.
Cada uno de los cuatro trabajos analiza e interpreta los estudios de casos de los países que se les encargó revisar.
Ellos reflejan: las perspectivas propias de cada uno; su vasta trayectoria profesional y académica; y los juicios de valor que emiten.
Se espera que las polémicas que se deriven de sus afirmaciones, que serán muchas, permitan avanzar en la comprensión de un fenómeno complejo y que se encuentra en pleno desarrollo.
El conjunto de estos trabajos fueron presentados y discutidos en noviembre de 2011 en un seminario que se realizó en Santiago en el que participaron un centenar de personas, entre autoridades gubernamentales (ministros, viceministros y autoridades de los Ministerios de Agricultura e e instituciones de tierra), representantes de la sociedad civil, expertos internacionales, académicos y representantes de agencias de cooperación internacional, además de expertos de la FAO de Roma y de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe. En este evento, se analizaron los resultados de los cuatro trabajos ya señalados.
El objetivo del seminario fue facilitar un diálogo de políticas públicas en torno a las dinámicas de la tierra en América Latina y el Caribe, que contribuyeran a precisar una agenda de trabajo futura para la asistencia técnica de la Oficina Regional de la FAO y como insumo para que los propios países formulen sus políticas públicas.
En el último tiempo, se ha rediscutido el alcance que tiene el concepto de “acaparamiento de tierras” y se han revisado otros temas que requieren un debate más profundo. El concepto debería incluir las operaciones comerciales de tierras en torno a la producción y venta de alimentos y de otros productos, y debería abrirse hacia los actores económicos nacionales y transnacionales de distintos sectores empresariales ligados al petróleo y la industria automotriz, la minería y las actividades forestales, la alimentación, la química y la bioenergía, entre otros, los cuales están adquiriendo –o han declarado sus intenciones de adquirir– vastas extensiones de tierra para construir, mantener o ampliar sus industrias extractivas y agroindustriales a gran escala.
Este concepto más amplio se libera del análisis centrado en la crisis alimentaria, el cual es demasiado estrecho y problemático ya que suele concentrarse en exceso —y en parte equivocadamente— en la crisis alimentaria de 2007-2008.
También supera el análisis centrado en los Estados-Nación el cual halla su fundamento en el actuar que han tenido las naciones del Golfo Pérsico, China y Corea del Sur. Además el análisis constató que la dinámica del mercado de la tierra en América Latina y el Caribe es mayor que en otras regiones del mundo.
En resumen, un concepto que comenzó referido a una realidad restringida, considerando solo algunos tipos de actores (un gobierno extranjero al menos) y un tipo de producto (alimentos básicos) se ha ampliado hacia otros actores y productos.
A continuación se adelantan algunas consideraciones sobre (i) la importancia de estos fenómenos en la región; (ii) la necesidad de avanzar en su base conceptual; (iii) algunas vías y tendencias que marcan su desarrollo; (iv) factores que estimulan y que limitan la concentración; y (v) algunas dimensiones que son afectadas por los fenómenos de concentración y extranjerización de la tierra.
1. Los estudios demuestran que la concentración y extranjerización son fenómenos importantes en la región. Sin embargo, los resultados de los estudios solamente pueden ser una primera aproximación a la dimensión de estos fenómenos, debido a la falta de datos catastrales actualizados en la mayoría de los países de la región.
Para evaluar la importancia de los fenómenos de concentración y extranjerización no es suficiente comparar la superficie concentrada con la superficie agrícola a nivel del país, o la superficie total. Se debería utilizar un sistema de valores por tierra para comparar superficies de diferente calidad, por ejemplo en función de la fertilidad del suelo y del acceso al agua. En muchos países de la región se pueden observar concentraciones en zonas con terrenos de alta calidad, lo que no deja de ser un factor importante a considerar.
2. El concepto de acaparamiento de tierras debe ser ajustado a la realidad en América Latina. En algunos países de la región hay una fuerte presencia de empresarios y empresas latinoamericanas que invierten en tierras en países dentro de la misma región. Estos empresarios cuentan con respaldo de sus respectivas embajadas en los países. Ejemplos para este tipo de situaciones son la presencia de empresarios brasileños en Bolivia, Colombia y el Paraguay. Esta regionalización del mercado de tierra debe ser reflejada como una categoría bajo el concepto de extranjerización.
Algunas de estas situaciones se pueden calificar como acaparamiento de tierras, aunque el Estado no está directamente involucrado y la finalidad no es la producción de alimentos básicos.
3. Vías y tendencias de concentración y extranjerización La concentración se hace particularmente evidente en los rubros de exportación, siendo los principales: soja y granos (trigo); biocombustibles (caña de azúcar); productos de exportación tradicionales (azúcar, café, frutos tropicales); productos de exportación no tradicionales (frutas frescas, verduras, etc.); y productos forestales (materia prima para producción de madera y celulosa).
Por su parte los cultivos tradicionales que sustentan la base alimenticia de la población rural son mayormente producidos por pequeños agricultores.
Además de la concentración de tierras se observan fuertes procesos de integración en las cadenas de valor. Los sistemas integrados incluyen el control de insumos, la producción, distribución y venta del producto, y tienen implicancias positivas para las empresas en cuanto al control y aprovechamiento de sus conocimientos acerca de la cadena, las economías de escala, la seguridad en el suministro de insumos y las posibilidad de comportamientos monopólicos.
En muchos casos, la concentración no está ligada a la concentración de la tenencia de la tierra, sino más bien al uso de la misma. Si bien en algunos países se observan grandes transacciones de tierra, en muchos casos la concentración está más ligada al uso de tierra que a la transferencia de títulos. Los productores se convierten en arrendatarios de las grandes empresas, o practican agricultura de contrato. Ejemplos de este fenómeno son los “pools” de maquinaria en la Argentina y la producción pecuaria en el Brasil. Otro caso notable es México, donde existen fuertes restricciones para el mercado de tierras. Sin embargo, hay una concentración importante en algunos rubros, como fruta o café, dominados por pocas empresas de capitales extranjeras.
Otra vía de concentración es la compra de grandes extensiones de tierra con fines de conservación de ecosistemas por parte de empresarios, lo que se observa mayormente en la Argentina y Chile.
Las inversiones en proyectos turísticos también juegan un papel creciente en el mercado de tierra, principalmente en las zonas costeras de los países de Centroamérica y el Caribe.
4. Factores que estimulan la concentración y extranjerización de tierras. Entre los factores que estimulan los fenómenos de la concentración y extranjerización en los países se destacan: una creciente demanda en los rubros que se prestan para concentración: fibra, alimentos de exportación, agrocombustibles; cambios tecnológicos y organizacionales que permiten una producción a gran escala y necesitan importantes inversiones en infraestructura para ser rentables; la inseguridad de los mercados financieros que estimula inversiones en tierras; la disponibilidad de capitales especulativos; los acuerdos multilaterales que fortalecen la integración al nivel regional (por ejemplo. La Unión de Naciones Suramericanas UNASUR y la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana IIRSA); los tratados de libre comercio con la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos de América, que facilitan el acceso a mercados internacionales; las políticas públicas que promueven la inversión y la compra de tierras por parte de extranjeros; una débil regulación del mercado de la tierra y la falta de títulos seguros de los usuarios. Todos estos son factores que facilitan los procesos de concentración.
Entre los factores que desestimulan la concentración de tierras, figuran los siguientes: baja seguridad jurídica para la compra de tierra en muchos países de la región; condiciones políticas inestables; demandas indígenas para territorios con respaldo de organismos internacionales.
5. Problemas asociados con los fenómenos de concentración y extranjerización en la región. Hay un creciente consenso de que los fenómenos de concentración y extranjerización de la tierra generan problemas en los países de la región en varias dimensiones: en lo político, económico, ambiental y social.
Dimensión política: la concentración de tierras en manos de grandes empresas otorga un poder político importante a los dueños de estas empresas.
Esto dificulta los procesos democráticos, ya que se consolidan espacios de poder paralelos a la estructura estatal. Este problema se manifiesta en articulaciones –en algunos casos violentas– por parte de los sectores sociales, que luchan contra la pérdida de poder de la población.
Otro aspecto de la dimensión política de este fenómeno es que los países pueden verse afectados en su soberanía sobre el territorio debido a la extranjerización.
Dimensión económica: la concentración de tierras permite a las empresas aplicar paquetes tecnológicos y organizacionales que resultan en mayores rentas y, por lo tanto apoyan al crecimiento económico.
Los fenómenos de concentración y extranjerización de tierras tienen una incidencia en las condiciones económicas de los pequeños productores que se convierten en arrendatarios y/o trabajadores asalariados. En la medida que la concentración de los procesos de producción crece, aumenta la dependencia de la población rural de las empresas que controlan estos procesos. Se observa que las mayores rentas de las empresas están absorbidas por las empresas y no se transfieren a la población local. En muchos países de la región, este fenómeno conlleva una creciente desigualdad en la distribución de los ingresos, y las condiciones de la población en zonas de alta concentración se vuelven más precarias. Además, la creciente mecanización de los procesos productivos en muchos casos limita la oferta de mano de obra. Sin una regulación efectiva de las condiciones de trabajo de los trabajadores asalariados, la concentración de tierras puede aumentar la pobreza de la población a pesar de las mayores rentas obtenidas.
En el caso de concentraciones con fines de conservación, existe la posibilidad de capturar los servicios ambientales generados, por ejemplo, a través de los bonos de carbono. Este potencial todavía no está siendo aprovechado en los países de la región.
Dimensión ambiental: en muchos casos, la concentración de tierra con fines productivos conlleva un uso intensivo del suelo y del agua.
Los inversionistas generalmente están orientados a producir una renta en el corto plazo sin considerar las externalidades ambientales como la pérdida del suelo, la contaminación por pesticidas y la sobreexplotación de los recursos hídricos. En algunos países se puede observar una creciente competencia por el agua en zonas con alta concentración de producción agrícola.
En la ausencia de un marco regulador ambiental en los países, en conjunto con el creciente poder político de las empresas que controlan el uso de la tierra, esta visión cortoplacista puede provocar un uso no sustentable de los recursos naturales.
Dimensión social: para la población rural, la tierra posee un valor que va más allá de la función productiva del suelo. La concentración de tierras pone en riesgo los conjuntos sociales de la población rural. Se observan desplazamientos de la población a raíz de la creciente concentración de tierras. En particular, en algunos países como Chile, el Paraguay y la Argentina, se observan conflictos entre la población indígena y las empresas que han comprado tierras con fines productivos o de conservación.

1.
Alianzas público-privadas para el desarrollo de agronegocios. Informe de país: Chile;
FAO
Resumen

2.
Alianzas público-privadas para el desarrollo de agronegocios. Informe de país: el Perú;
FAO
Resumen

3.
Apoyo del sector público para el desarrollo de los agronegocios incluyentes. Análisis del modelo institucional de la Argentina;
FAO
Resumen

4.
Apoyo del sector público para el desarrollo de los agronegocios incluyentes. Análisis del modelo institucional de Colombia;
FAO
Resumen

5.
Apoyo del sector público para el desarrollo de los agronegocios incluyentes. Análisis del modelo institucional de México;
FAO
Resumen

6.
Apoyo del sector público para el desarrollo de los agronegocios incluyentes. Análisis del modelo institucional de Panamá;
FAO
Resumen

7.
Dinámicas del mercado de la tierra en América Latina y el Caribe: concentración y extranjerización;
FAO
Resumen

8.
Reflexiones sobre la concentración y extranjerización de la tierra en América Latina y el Caribe;
FAO
Resumen

     
 

 

 
     
     

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